El baile de los secretos

Imagen de Patapalo

Reseña de la novela de Jesús Cañadas publicada por Grupo Ajec

 

La idea de entremezclar una trama de un juego de rol con la de los jugadores en el mundo real es tan natural que ha de ser tan vieja como los mismos juegos de rol. Sin embargo, rara vez termina de funcionar del todo. Por lo general, queda como algo anecdótico, como una excusa a la que le falta fuelle para ejercer como motor por sí misma.

Es por eso que El baile de los secretos empieza a brillar con una fuerza inusitada desde el mismo arranque. Sí, aquí se mezclan juegos de rol y literatura, pero no son una mera excusa para contar una historia fantástica, no es un túnel del terror como en la serie Dragones y Mazmorras, sino un engranaje más, uno particularmente importante, de una historia compleja y rica en matices.

Una historia que se sostiene gracias a sus personajes, todos y cada uno de los cuales tiene su espacio para ir creciendo hasta convertirse en un protagonista de la narración. Un gran acierto, porque si bien los hay secundarios, esto se debe al foco narrativo; no hay comparsas, no hay personajes planos de relleno, lo que acentúa el sentimiento de tragedia.

Y es que toca hablar de tragedia. De tragedia épica, además, porque en El baile de los secretos el conflicto es supremo: entre el amor y el desamor. Pero no un amor de príncipes azules y princesas rosas, sino un amor visceral, humano, que deviene inhumano precisamente por esa humanidad.

Los escenarios de la novela pronto pasan de una penumbra manifiesta a una oscuridad palpable: monstruos, catacumbas, endemoniados, engendros, oscuridad, mucha oscuridad... Este ambiente lúgubre, no obstante, no enmascara la vitalidad de los personajes, con los que empatizas dentro de su endiablado laberinto.

La prosa de Jesús Cañadas muestra una madurez inesperada en un autor debutante. Demuestra que sabe pintar con una vividez envidiable ese mundo complejo, como el mecanismo de un relojero, en el que ningún detalle es accesorio ni tampoco impertinente, y al mismo tiempo mantener un ritmo sostenido cuya tensión no decae hasta el final de la historia por muchos requiebros, batallas y secretos desvelados que nos vayamos encontrando.

El resultado es uno de los mejores libros de fantasía nacional que haya leído. Un imaginario propio, un tono que oscila entre el terror y la intriga, una prosa rica y personal y una historia que te atrapa de principio a fin. Una magnífica carta de presentación para un autor que espero nos deleite en breves con otra novela.

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