Brecha en los evos

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Un relato de Patapalo, mención de honor en el I Certamen de relatos cortos Castilla y Dragón

 

Pepe, alias Gandalf, miraba con hastío el lavabo roto del local pensando que era la última vez que meaba allí. El sitio estaría genial para tener tranquilidad y atmósfera para las partidas, pero a nivel higiénico... A veces llegaban vaharadas realmente repugnantes, y lo que tenían de ambientales no era lo que pretendía su máster de La llamada de Cthulhu, quien en esos momentos aullaba:

¡Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn!

Se sonrió al imaginárselo declamando aquel galimatías sin perder la compostura un solo instante: era la especialidad de David “Bocanegra”, robar ese escalofrío inesperado a sus jugadores. Aquella vez había conseguido un auténtico pandemonio.

“¡Oh, Dios Santo!”

“¿¡Qué demonios...!?”

“¡¡Copón!!”

Este último tenía que haber sido Chus, pensó apresurándose a volver a la partida, molesto con que se pusieran a interpretar tan entusiastas justo cuando él no estaba. Al abrir la puerta, el pensamiento se esfumó.

Ya no había lavabos rotos.

Ya no había cortes de agua.

Vaharadas, sí. Y ratas. Cientos de ratas.

Sintió cómo la vista se le desenfocaba y el mundo perdía la estabilidad. Lo estaba viendo. Las rejillas de ventilación y los agujeros del doble techo vomitaban una cascada interminable de ratas. De ratas. De putas ratas. “Bocanegra” titubeaba con su hoja de papel envejecido al limón en la mano, incrédulo; Chus hacía equilibrios, perplejo, sobre su silla. Claudio repartía patadas a diestro y siniestro, enfebrecido. Lara rodaba por el suelo, chillando, cubierta de alimañas.

Si le hubieran preguntado a Pepe qué haría su personaje en una situación así, hubiera contestado, sin dudar, “encerrarse en el lavabo”. Le gustaban las interpretaciones realistas. Nunca supo por qué se lanzó gritando al rescate de sus compañeros.

Sintió las uñas lacerar su piel, el repugnante tacto de los pelajes, los agudos incisivos sajando su carne, el hedor de cloaca mezclándose con el regusto metálico de la sangre, el caos, la confusión, el dolor, la angustia, la desesperación, la locura, joder, ¡demonios! En su mente se agolpaban recuerdos, los siniestros arañazos que perturbaban algunas partidas, las sonrisas suficientes de “Bocanegra”, el olor, el olor, el maldito olor. Y en mitad de aquel manicomio, risas desquiciadas mezcladas con llantos.

“¿¡Pero cuánto va a durar esta mierda!?”

“¡Evos, joder! ¡Evos!”

Como el cansancio del fin de los tiempos, la risa histérica de David fundió a negro su existencia.

 

Paz.

 

Luego, unas voces en off, ajenas.

“¿Han terminado los exterminadores?”

“Sí; menuda masacre...”

“¿Pero cómo...?”

“No sé. Acudieron a... Bueno, de algún modo las atrajeron los chicos. Comida, quizás. Debían llevar aisladas en los conductos auxiliares desde que echaron los cimientos del parking de al lado.”

“¿Se recuperarán?”

“Sí, bueno. Estaban realmente hambrientas. Joder, qué masacre...”

Pepe, alias Gandalf, se sumió de nuevo en la negrura. En su mente resonaba, como un macabro consuelo, aquella famosa sentencia: ...que no está muerto lo que duerme...

Se hubiera reído si no le hubiera dolido todo tanto.

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Risa cachonda

“Quien vence sin obstáculos vence sin gloria”

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Dersu
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Muy lograda la mixtura de humor negro y escalofrío. Breve pero contundente.

Un placer volver a leerte.Sonrisa Un saludo.

¡No disparen, soy gente!

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Patapalo
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Gracias por los comentarios, compañeros Sonrisa

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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