Musas problemáticas

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Un artículo de opinión de Canijo sobre la inspiración y el trabajo

Según la versión de Hesíodo de la tradición helénica, el dios Zeus, rey del Olimpo y un auténtico donjuán por lo que sabemos de él (por lo que nos contaron tanto Hesíodo como todos los demás), cierto día se cruzó con Mnemósine, una titánide (el femenino de titán, otro concepto que, al igual que los dioses y el resto de fauna mitológica, usaron los griegos para personificar y así comprender un poco mejor aquello a lo que no llegaban sus entendederas), se encaprichó de ella y, como al parecer era irresistible y le gustaba dejarse querer (entre otras cosas), se la ligó y estuvo nueve días con sus nueve noches todos repletitos de horas dándole al sexy time que vaya tela si aguantaba el muchacho (me río yo, o más bien él, del sexo tántrico), con una potencia, cómo no, divina, porque, aquí entre tú y yo, nosotros no le hubiéramos durado ni medio asalto a la moza titánica, que andaba de potencia más o menos igual que el otro, que para eso también era divina en todos los sentidos.

A resultas de la coyunda, y como en estas cosas los dioses griegos eran muy especiales (otros también lo son, que me sé de uno que te embaraza a través de ángeles mamporreros, cosa que no sé si se terminó de creer el marido de la embarazada; yo no lo hubiera hecho), la preñó nueve veces (lo dicho, si nos coge a uno de nosotros en medio nos parten por la mitad), y un tiempo después Mnemósine tuvo nueve crías que, con unos padres así, salieron tan especiales como se podía esperar, cada una de ellas con la capacidad de inspirar a los ejercientes de algún arte o ciencia (según una leyenda urbana reciente, hubo una décima que se especializó en inspirar coyundas titánicas, pero esta se la ha quedado Nacho Vidal para él solito).

Con el tiempo, el concepto de musa pasó por el magín de los romanos y otras tantas culturas que fueron sucediéndose, hasta llegar a nuestros días convertido en una forma de galantear a muchachas o muchachos, origen etimológico de la palabra música, sinónimo de inspiración, o excusa para ciertos vicios de aficionados a la escritura (como siempre, repito mi letanía: aficionado a la escritura, escritor novel, en ciernes, escritor a secas o lo que sea, que cada uno gobierna su ego como quiere), que es el uso que yo le voy a dar para la columnita.

Después de tanto tiempo con esto de jugar a la escritura, los contactos hechos y las impresiones intercambiadas con estos, me he encontrado con un par de actitudes que, por supuesto a título personal, no me parecen para nada recomendables y que, por ser la excusa que algunos de los afectados dan al hecho, vamos a decir que son cosa de las musas personales que gobiernan su arte (hombre, por eso y porque habrá que aprovechar la parrafada anterior para algo, ¿no?).

El primer caso a tratar es el de aquellos autores cuya inspiración parece venir de la musa perezosa, que, a modo de resumen, es la de los que solo escriben cuando les apetece/disfrutan de ello, mientras que si no se da la situación, se olvidan de su tarea como el que deja una planta secarse y agostarse al agradable solano de un verano en Sevilla.

Bien, hablando de afición, de entretenimiento, no hay que ser muy listo para comprender que si algo que se supone que tiene que entretenerle a uno llega a ese punto en el que la balanza esfuerzo-disfrute se decanta claramente por el primero, la parte de entretenimiento que esto tiene empieza a perder un poco de sentido. Es como cuando estás viendo una película o leyendo un libro y en cierto momento la cosa deja de gustarte: si no hay amor propio de por medio o alguna obligación externa que te ate a esa lectura o visionado, lo suyo es no insistir en aquello que no te gusta y memorizar un par de comentarios despectivos para cuando te pregunten por la obra, más que por advertir a otros de que no pierdan el tiempo que tú perdiste, como venganza por los minutos que te robó a ti.

Pero el caso es que muchos de estos aficionados regidos bajo el signo de la musa perezosa son de los que quieren llegar a más, pudiendo ir este llegar a más desde terminar el relatito con el que quieres participar en algún concurso que te hace ilusión, terminar la novela que empezaste más ilusionado que un niño en Reyes, o incluso labrarte una carrera literaria como Dios manda, si nos vamos al otro extremo. Aquí la excusa de que esto es para disfrutar empieza a no ser válida, y no lo es porque esto de escribir tiene una parte de inspiración, de talento innato y otras tantas, bastantes más, de esfuerzo y de sudar la tinta, aunque sea electrónica, con la que vamos a manchar el folio en blanco. Esto no lo digo yo, esto lo dicen tantos y tantos escritores, con todas las letras, algunos consagrados y grandes en el más honroso sentido de la palabra, que repiten aquello de que la Literatura es un diez por ciento de inspiración y un noventa de transpiración, de dejarte las pestañas documentándote, de quebrarte la cabeza para ordenar y depurar lo que te salió durante un breve idilio con las musas, de corregir, de ensamblar… de currártelo, en resumidas cuentas.

Hablando con Ernesto Fernández de esto mismo, él yo coincidimos en que, al menos en nuestro caso, el disfrute verdadero no está en escribir, sino en haber escrito, en ver el fruto de tu esfuerzo terminado y recordar, tanto si eso gusta como si no, que el niño, feo o guapo, lo pariste tú; y después que te quiten lo bailado. Me da a mí que esto último le sucede a la mayoría, aunque luego en el recuerdo solo les quede la parte lúdica de todo el proceso que concluyó en la obra terminada.

El segundo caso a tratar es el de los que tienen como inspiradora a la musa monotemática, que, una vez más por resumir, es la que les impulsa a escribir solo de un género, solo en un estilo, solo con una orientación o lo que sea, limitando así su crecimiento como escritores.

Supongo que aquí hay más que un punto de subjetividad por mi parte, y de nostalgia también, porque aún recuerdo aquel juego nacido en la antigua OcioJoven al que llamamos El Reto y en el que los participantes teníamos que escribir de lo que tocara, con la extensión que tocara, con las reglas que tocaran, y además con una limitación de tiempo (aunque esta limitación no lo fuera tanto cuando uno tenía un par de semanas para escribir nunca más de mil palabritas), algo que, al menos en mi caso, y estoy seguro de que en de la mayoría de los que participamos, nos hizo aprender mucho acerca de este juego de juntar letras. Nos enseñó de economía de palabras, algo importante tanto en el relato como en el microrrelato, nos enseñó a transmutar el estilo, algo esencial si uno no quiere repetirse demasiado o quiere diferenciar escenas de distinto signo dentro de una misma redacción, nos enseñó a vencernos a nosotros mismos a la hora de encarar ese pasaje con el que no somos afines o que no nos llega de la inspiración del momento, como sucede tantas veces cuando uno está montando una novela, nos enseñó estas y otras tantas cosas que nos ayudaron a enriquecer nuestra escritura, y entre ellas el que el cambiar de temática a la hora de escribir nos ayuda de la misma manera que cuando lo hacemos a la hora de leer, porque de la diferencia nace la comparación, y de la comparación de los diferentes se llega a la esencia que subyace bajo lo que llamamos Literatura.

Ya digo, aquí hay mucho de personal en mi perspectiva, mucho de subjetivo, pero no creo que haya menos cuando he escuchado (muchas veces, a muchas personas, aunque quizá nunca repitiendo las palabras o la vehemencia discursiva) que eso de escribir de lo que toca, que puede ser de lo que la gente quiere leer o de lo que la editorial quiere recibir, es prostituirse, porque uno tiene que ser fiel al monotema de la musa monotemática de turno. ¡Venga ya! ¿Estamos tontos o qué? Escribir no es más que eso, escribir, montar una historia en base a unos elementos y conseguir con ella transmitir una idea, maravillar o simplemente hacer que el que gasta su tiempo y su dinero en la lectura de tu obra pase el buen rato que se merece por la inversión. Eso es lo que hay.

En fin, no insisto, que cada uno haga lo que quiera, pero si en algún momento tu camino en la Literatura te obliga a pasar por otro formato, como podrían ser los artículos, las columnitas como esta, las crónicas de eventos o lo que sea, y no sabes ni por dónde empezar, ya sabes quién tiene la culpa; si no eres capaz en un momento dado de participar en ciertos concursos porque allí no aceptan el género único que quieres cultivar, que para eso los organizadores son dueños y señores de lo que organizan, otro tanto de lo mismo; y si lo que te pasa a ti es que en algún momento surge alguna voz, o muchas voces que dicen que siempre escribes lo mismo y te sientes ofendido por ello, ya te imaginas dónde pienso yo que te puedes meter tu orgullo, ¿verdad? Pues eso mismo.

 

En fin, no me extiendo más, que extenderme más en esto, pensando que la idea ya está más o menos insinuada, aunque sea de manera burda, es apelar en exceso a la paciencia del lector. Aunque sí que me gustaría dejar como epílogo el consejo de que, para lo que sea, lo mejor es no echarles mucha cuenta a las musas, porque echarles cuenta puede ser como meterse en la génesis que esbocé arriba, en lo de la coyunda titánica y, como ya dije ahí, si nos pillan a uno de nosotros en medio de semejante demostración de potencia, lo más normal es que acabemos partidos por la mitad.

P.S. Por cierto, con esta llego a la columnita veinticinco, cifra significativa según muchos y quizá también para mí (o no, a lo mejor es solo por darme a mí mismo una palmadita en la espalda, jeje). Ahí queda eso.

“er Caniho”

 

Soundtrack:

Whole lotta love

Led Zeppelin

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Muy de acuerdo en que ambas dos son musas problemáticas (y también en lo de cuánto se aprendía en El Reto, demonios), aunque aquí entramos en la interminable discusión sobre las perspectivas. Yo supongo que para el que no quiere ir a ninguna parte, escribir solo cuando te apetece es muy loable, pero hay que aceptar que es limitante incluso dentro del nivel amateur, como en todas las disciplinas. A no ser, claro, que siempre tengas ganas y nunca experimentes pereza alguna.

En cuanto al monotema, más de lo mismo. Yo creo que en el mundo hay muchas cosas interesantes de las que hablar y muchos modos de abordarlas, así que, aun asumiendo que la cabra tira al monte, que eso también, nunca he terminado de creerme lo de la vía única, ni en formato, ni en género, ni en temática. Pero, claro, hay quien prefiere la especialización, e incluso la ve más eficaz...

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Por cierto, felicidades por esas 25 columnas. El otro día vi que había superado los quinientos artículos de literatura y me dio también cierto alegrón, sobre todo porque todavía se me ocurren cosas sobre las que hablar Risa cachonda

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Patapalo dijo:

Muy de acuerdo en que ambas dos son musas problemáticas (y también en lo de cuánto se aprendía en El Reto, demonios), aunque aquí entramos en la interminable discusión sobre las perspectivas. Yo supongo que para el que no quiere ir a ninguna parte, escribir solo cuando te apetece es muy loable, pero hay que aceptar que es limitante incluso dentro del nivel amateur, como en todas las disciplinas. A no ser, claro, que siempre tengas ganas y nunca experimentes pereza alguna.

Ojo, que he especificado que apunto a los que pretenden llegar a más en algún sentido, ya sea en la conclusión de un relato, novela, en la participación en algún evento o incluso en el que quiere crearse una carrera como escritor con todas las letras y su más honroso significado.

Si es sólo por pasar un ratito escribiendo, pues perfecto, lógico, lo suyo es hacerlo mientras resulta placentero; éste es el caso de tantos y tantos que ni siquiera enseñan lo que escriben. Pero los otros... crudo lo van a tener si no se dan cuenta de que el esfuerzo es el que te lleva a ese más allá, por muy cercano que esté...

Ah, y al que siempre tenga ganas, al que no conozca a la señora Pereza, preséntamelo, que lo voy a llevar al programa de Íker Jiménez, que lo van a flipar...

Patapalo dijo:

En cuanto al monotema, más de lo mismo. Yo creo que en el mundo hay muchas cosas interesantes de las que hablar y muchos modos de abordarlas, así que, aun asumiendo que la cabra tira al monte, que eso también, nunca he terminado de creerme lo de la vía única, ni en formato, ni en género, ni en temática. Pero, claro, hay quien prefiere la especialización, e incluso la ve más eficaz...

Hombre, yo creo que incluso la especialización se nutre de conocer el resto, por aquello de saber cuál es su esencia o qué conexiones tiene con lo demás. Pero, en todo caso, no creo que el término especialización sea aplicable a la literatura del mismo modo que lo puede ser en otras disciplinas; no sé...

 

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Patapalo dijo:

Por cierto, felicidades por esas 25 columnas. El otro día vi que había superado los quinientos artículos de literatura y me dio también cierto alegrón, sobre todo porque todavía se me ocurren cosas sobre las que hablar Risa cachonda

Así que restregándome lo de los quinientos artículos frente a las veinticinco columnas, ¿no? ...  Ya te cogeré yo a ti, ya... Demonio

 

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Patapalo dijo:

Yo supongo que para el que no quiere ir a ninguna parte, escribir solo cuando te apetece es muy loable, pero hay que aceptar que es limitante incluso dentro del nivel amateur,

Yo creo que el problema surge ahí cuando no tienes claro a qué grupo perteneces, cuando de algún modo te mientes a ti mismo, o has cambiado de categoría y no lo sabes.

Escribir puede ser una afición como cualquier otra, igual que el que aprende a tejer, a pintar por placer, a hacer macramé... algo perfectamente válido y gratificante. Pero si este es tu caso, tienes que verlo claro. Entender que hay otros que pueden tener objetivos distintos y que le van a dedicar al tema, si son consecuentes, más horas y más esfuerzo que tú.

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Canijo dijo:

Ah, y al que siempre tenga ganas, al que no conozca a la señora Pereza, preséntamelo, que lo voy a llevar al programa de Íker Jiménez, que lo van a flipar...

Risa cachonda Hombre, 24 horas es materialmente imposible estar disponible, pero tampoco hay que contar con un servicio de guardia. Yo el tema lo veo más en que el cansancio vital -que al final creo que es lo que marca- no te limite en el ejercicio diario. Con vacaciones y tal, como cualquier curro, pero ya.

Canijo dijo:
Hombre, yo creo que incluso la especialización se nutre de conocer el resto, por aquello de saber cuál es su esencia o qué conexiones tiene con lo demás. Pero, en todo caso, no creo que el término especialización sea aplicable a la literatura del mismo modo que lo puede ser en otras disciplinas; no sé...

Totalmente de acuerdo. De hecho, siempre he pensado que no es aplicable a ninguna tecnología, sino un terrible eco distópico en el que se empieza a ver a la gente como piezas de una cadena de montaje.

 

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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A veces siento que, en cierto sentido, tengo esa musa monotemática. Sobre todo en lo tocante a la ubicación espacial. Ya he puesto Madrid en la actualidad, en el futuro, en el pasado, vista desde los ojos de los animales...Es el único sitio que me sé más o menos bien y puedo fabular a partir de ahí. Por otra parte, muchos de los locales a los que voy habitualmente y de las calles que veo tienen más de cien años, con lo cual trasladarse al pasado casi ni es un ejercicio de imaginación.

También en el formato, tiendo a enlazar relatos. Probablemente, debería ponerme a escribir algo más largo.

Ferrum ferro acuitur

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Crocop dijo:

A veces siento que, en cierto sentido, tengo esa musa monotemática. Sobre todo en lo tocante a la ubicación espacial. Ya he puesto Madrid en la actualidad, en el futuro, en el pasado, vista desde los ojos de los animales...Es el único sitio que me sé más o menos bien y puedo fabular a partir de ahí. Por otra parte, muchos de los locales a los que voy habitualmente y de las calles que veo tienen más de cien años, con lo cual trasladarse al pasado casi ni es un ejercicio de imaginación.

También en el formato, tiendo a enlazar relatos. Probablemente, debería ponerme a escribir algo más largo.

Hombre, pues lo primero no lo veo tanto de la musa monotemática, sino más bien de lógica en el ejercicio literario. Es decir, he leído mil y una veces a escritores consagrados, creadores de decálogos de escritura, profesores de talleres, correctores de estilo, simples aficionados... y un largo etcétera, que lo más razonable simpre es escribir de lo que se conoce, aunque ese conocimiento llegue de una información buscada ex profeso. La razón de esto es que así los pasos que se van dando a la hora de crear la obra son sobre suelo firme, y si sólo es entorno/trasfondo, o aunque sea algo más, esto hace que si las bases de las historia son más sólidas, la historia en sí también lo será, ganando calidad con ello. Tema aparte serían las obras para las que se inventa un entorno determinado, esté éste basado o no en un entorno real (con lo que volveríamos a lo mismo).

Lo otro sí que me parece, sin atreverme asegurarlo tampoco, más de la maldita musa monotemática, aunque, al menos en mi opinión, no un caso de especial gravedad. Por mi parte, lo tengo muy claro, prefiero intetentar tocar todos las extensiones posibles, creo que enriquece, pero no sé hasta que punto eso de crear obras extensas uniendo otras más cortas no es una cuestión de estilo en sí, y ahí ya no es razonable meterse...

Muchas gracias por pasarte, socio.

 

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Ojo, me remito a lo dicho antes: ahí me refiero a autores que por comentarios o lo que sea han manifestado que su intención sí que es llegar a más, no a que sea una apreciación mía sin confirmación (de hecho, es un caso hipotético, y la hipótesis de partida es que sí que quieren llegar a más).

Eso sí, también entiendo que haya gente que es que no sabe lo que quiere, pero eso es una debilidad de carácter, pienso yo, y ahí poco se puede hacer. Y el hecho de que uno no sepa si ha pasado de un "nivel" a otro tampoco lo contemplé en su momento; no sé, creo que tener un poco de vista para estas cuestiones, si no es exigible, tampoco le falta mucho...

Un placer tenerte por aquí, como siempre.

 

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Patapalo dijo:

Canijo dijo:

Ah, y al que siempre tenga ganas, al que no conozca a la señora Pereza, preséntamelo, que lo voy a llevar al programa de Íker Jiménez, que lo van a flipar...

Risa cachonda Hombre, 24 horas es materialmente imposible estar disponible, pero tampoco hay que contar con un servicio de guardia. Yo el tema lo veo más en que el cansancio vital -que al final creo que es lo que marca- no te limite en el ejercicio diario. Con vacaciones y tal, como cualquier curro, pero ya.

Canijo dijo:
Hombre, yo creo que incluso la especialización se nutre de conocer el resto, por aquello de saber cuál es su esencia o qué conexiones tiene con lo demás. Pero, en todo caso, no creo que el término especialización sea aplicable a la literatura del mismo modo que lo puede ser en otras disciplinas; no sé...

Totalmente de acuerdo. De hecho, siempre he pensado que no es aplicable a ninguna tecnología, sino un terrible eco distópico en el que se empieza a ver a la gente como piezas de una cadena de montaje.

 

Ah, ok. Es que me habías asustado haciéndome pensar que había por ahí tipos con la musa siempre al hombro, la disposición en ristre, y todo el tiempo del mundo para ellos; a ver quién demonios podría competir con semejante "bicharraco literario"...

 

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L. G. Morgan
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Sí, yo entendí así lo que dijiste. Pero añadí de mi cosecha lo otro porque el comentario de Pata me recordó que yo he dado con gente a la que le pasa. Y suele causar problemas.

Cuando se empieza a escribir creo que nadie tiene claro adónde quiere ir. Es algo que te gusta hacer y que, de algún modo, te hace sentir tú, distinto a los otros. Lo reconozcamos o no, todos pensamos que tenemos una especie de don (mayor o menor, depende del realismo de cada cuál XD Aunque así p'adentro podemos confesarnos sin rubor que a veces nos recordamos a... póngase aquí el dios literario de cada uno :-)). El que no lo siente así lo suele acabar dejando.

Y hay que reconocer que en ciertos entornos puede molar. Ser, de entre tus colegas, amigos o compañeros de trabajo "el que escribe".

Pero el tiempo pasa y hay quienes sí se toman lo de escribir más en serio, quienes sí quieren "llegar a algo", sea esto lo que sea, y le dedican más tiempo y más ganas. Y los que no han evolucionado en esa misma dirección (y repito que no tienen por qué), a veces se enfurruñan un poco. Ellos quieren seguir con sus relatos, poemas, micros o lo que sea... así, tranquilamente. Pero tampoco quieren reconocer que ahora son distintos de los otros (sobre todo si no lo fueron antes), unas veces simplemente porque no son capaces de ver diferencia alguna, y otras porque sería doloroso para su ego pensar que se han quedado atrás, estancados, y que lo que para ellos es solo una más de sus aficiones para los otros puede haber evolucionado y ser ya otra cosa que les excluye.  

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Canijo dijo:

Crocop dijo:

A veces siento que, en cierto sentido, tengo esa musa monotemática. Sobre todo en lo tocante a la ubicación espacial. Ya he puesto Madrid en la actualidad, en el futuro, en el pasado, vista desde los ojos de los animales...Es el único sitio que me sé más o menos bien y puedo fabular a partir de ahí. Por otra parte, muchos de los locales a los que voy habitualmente y de las calles que veo tienen más de cien años, con lo cual trasladarse al pasado casi ni es un ejercicio de imaginación.

También en el formato, tiendo a enlazar relatos. Probablemente, debería ponerme a escribir algo más largo.

Lo otro sí que me parece, sin atreverme asegurarlo tampoco, más de la maldita musa monotemática, aunque, al menos en mi opinión, no un caso de especial gravedad. Por mi parte, lo tengo muy claro, prefiero intetentar tocar todos las extensiones posibles, creo que enriquece, pero no sé hasta que punto eso de crear obras extensas uniendo otras más cortas no es una cuestión de estilo en sí, y ahí ya no es razonable meterse...

Muchas gracias por pasarte, socio.

Para mí la extensión es cuestión de lo que te pida el cuerpo. Me parece también cuestión de estilo personal.

A mí no me van los micros. Lo he intentado y he visto que soy capaz, pero no me motivan, no me aportan. No me es suficiente contar lo que cabe en 100 palabras.

Con los relatos he ido aumentando. Soy verborréica congénita. Y encima cada vez concibo historias más complicadas y que exigen más matices. ¿Podría condensar? Sí, sé resumir, pero no me da la gana. Primero dejó de llenarme lo que podía contar en un folio. Luego en 15 y luego en 20. No lo hago aposta, la historia se me va. Así que hace tiempo que decidí apostar por las novelas y solo hacer relatos muy concretos que me llamaran por algún motivo.

Admiro profundamente al que es capaz de contarte una historia en 1000 palabras, y he leído relatos breves fantásticos. Pero no es lo mío.

De igual modo, para el que sí sea así, no veo por qué tendría que empeñarse en llenar folios y folios sin necesidad. 

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Alguno habrá, como en todo, que por motivos personales tenga todo el tiempo del mundo y ninguna preocupación, como un escritor diletante que haya heredado una fortuna en Nueva Inglaterra. De estos hemos visto muchos en el especial de los Mitos de Cthulhu.

Claro, que casi siempre llega el destino y te limita el tiempo disponible con alguna historia... Risa cachonda

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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L. G. Morgan dijo:

Sí, yo entendí así lo que dijiste. Pero añadí de mi cosecha lo otro porque el comentario de Pata me recordó que yo he dado con gente a la que le pasa. Y suele causar problemas.

Cuando se empieza a escribir creo que nadie tiene claro adónde quiere ir. Es algo que te gusta hacer y que, de algún modo, te hace sentir tú, distinto a los otros. Lo reconozcamos o no, todos pensamos que tenemos una especie de don (mayor o menor, depende del realismo de cada cuál XD Aunque así p'adentro podemos confesarnos sin rubor que a veces nos recordamos a... póngase aquí el dios literario de cada uno :-)). El que no lo siente así lo suele acabar dejando.

Y hay que reconocer que en ciertos entornos puede molar. Ser, de entre tus colegas, amigos o compañeros de trabajo "el que escribe".

Pero el tiempo pasa y hay quienes sí se toman lo de escribir más en serio, quienes sí quieren "llegar a algo", sea esto lo que sea, y le dedican más tiempo y más ganas. Y los que no han evolucionado en esa misma dirección (y repito que no tienen por qué), a veces se enfurruñan un poco. Ellos quieren seguir con sus relatos, poemas, micros o lo que sea... así, tranquilamente. Pero tampoco quieren reconocer que ahora son distintos de los otros (sobre todo si no lo fueron antes), unas veces simplemente porque no son capaces de ver diferencia alguna, y otras porque sería doloroso para su ego pensar que se han quedado atrás, estancados, y que lo que para ellos es solo una más de sus aficiones para los otros puede haber evolucionado y ser ya otra cosa que les excluye.  

Para mí que le había dado a citar, pero está claro que no, porque salió arriba. Argh, que traicionera en la tecnología…

Cierto, siempre hay una parte de ego, más o menos oculta, más o menos enterrada en las últimas capas de la personalidad, que es lo que nos mueve a mostrar lo que escribimos; el caso contrario es el de esa gente que te dice que no escribe y cuando tratas más con ellos te enteras de que algo sí, luego un poco más que algo, y al final te topas con que tienen cierta producción e incluso cierta constancia pero simplemente no se atreven a que otros lo vean, o no les interesa porque no tienen ninguna pretensión de llegar absolutamente a nada más.

Pero ostias, que es que hay gente que no dejan de hablar de que su nivel es alto, mucho mejor que tal o cual que están publicados, que tienen tal o cual proyecto, que los van a acabar sí o sí, que luego te entretienen ofreciéndose u ofreciéndote para hacer tal o cual, y luego a la hora de la verdad o pasan directamente, o te sueltan lo de que no les vienen la inspiración o que no han tenido tiempo (porque estaban entretenidos con cualquier otro hobby), con lo cual han entorpecido tu tarea aunque sea indirectamente. En estos casos, sin menoscabo de su ego (es decir, sin admitir que se han quedado un paso atrás), simplemente pueden echarse a un lado y no comprometerse, o al menos no alzar tanto la voz para darse el pego. No sé, sigo pensando que esto es exigible, al menos a ciertos niveles y ciertas edades.

Si quieres molar porque en ciertos entornos el jugar a las letras te da un aura irreal (al menos bajo mi punto de vista) que te hace especial, pues vale, pero cuando hablas con otros aficionados, que ya saben de qué va el tema, sobre todo en cuanto a esfuerzo y tal, porque ellos se esfuerzan y sacan tiempo de donde no lo hay, hombre… al menos un poco de prudencia, ¿no? Es que ese aura especial que te da entre no aficionados se convierte en otra cosa entre aficionados, algo que ya no mola.

 

Columna cortesía de Sevilla Escribe: http://sevillaescribe.blogspot.com/

 

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