La fábrica de muerte

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Un relato para la vivisección de Calabazas en el Trastero: Asesinos históricos de mariansp

“Nací con el maligno como mi patrón a un lado de la cama cuando vine al mundo y ha estado conmigo desde entonces”

H.H. Holmes

 

—Entrégame más almas Holmes..., esas mujeres merecen el infierno.

Con el final de la Exposición Universal en Chicago la afluencia de huéspedes en el hotel había disminuido de manera preocupante. Apoyó los codos sobre la mesa de su despacho y cubrió su rostro con ambas manos. Las rentas del hotel acusaban una caída brutal.

—...Más almas Holmes, más almas...

Pensar en la posibilidad de que el cierre se auguraba como futuro próximo le causaba intranquilidad.

Risas y carcajadas histéricas rompieron el silencio sepulcral que reinaba en la dependencia. Llevaba meses escuchándolas, lo atormentaban día y noche, esas mujeres se reían de él desde el infierno a donde las había enviado.

—¡Malditas furcias, callaos, dejadme pensar con claridad!

—¡Más almas Holmes, más almas...!.—La voz del maligno lo acosaba desde algún lugar de su cabeza.

—¡Ya lo sé, ya sé que quieres más almas!— Golpeó con furia la mesa.—¿Crees que yo no disfruto entregándotelas?

Rememoró como se deleitó diseñando el lado más oscuro del edificio, su particular castillo de los horrores, que bajo la apariencia de hotel, durante los seis meses que duró la exposición en la ciudad se había convertido en una fabrica de muerte. La planta baja era relativamente normal , nada levantaba sospecha a los huéspedes. Sin embargo los sótanos y pisos superiores estaban repletos de trampas, escaleras que no iban a ninguna parte, habitaciones secretas, laberintos, puertas correderas y pasillos secretos desde los cuales a través de pequeñas ventanas disimuladas en las paredes podía observar a escondidas todo lo que hacían los clientes. Bajo el entarimado, una instalación eléctrica le permitía también seguir en un panel indicador instalado en su despacho todo lo que hacían sus futuras victimas.

Esbozó una sonrisa al recordar la habitación en la que tenia instalado todo un arsenal de instrumentos de tortura. Como había disfrutado con ello, desollando a sus victimas, triturando lentamente sus huesos en vida encadenadas a una prensa rotatoria, practicando autopsias mientras le suplicaban por su vida. Le fascinaba el ansia de sus victimas por aferrarse a la vida, esos ruegos que lo convertían en un Dios, el Dios de todas ellas.

—Por favor, se lo suplico... ¡¡por favor, no me mate!!

Aquellas plegarias se repetían una y otra vez en su cabeza a modo de canción de cuna cuando se retiraba a sus aposentos a descansar en los días de mayor esplendor, aquellos días en los que colocaba el cartel de completo en recepción.

Colgadas de los brazos las bajaba lentamente a un pozo lleno con ácido mientras ellas gritaban, imploraban como niñas para no ser castigadas. No tenia piedad, se alimentaba de todo aquel sufrimiento que lo hacia sentir pletórico.

Jamás temió ser descubierto. De nuevo volvió a sonreír evocando momentos memorables. Un montacargas y dos toboganes que conducían a una bodega, le servían para trasladar los cadáveres discretamente y según los casos los disolvía en una cubeta de ácido sulfúrico, los reducía a polvo en un incinerador o simplemente los hundía en una cuba llena de cal viva. No solo las torturaba y mataba si no que también procuraba no dejar señal alguna que hiciese evidenciar que alguna vez hubiesen existido.

¿Qué iba ser de su subsistencia sin poder ejercer ese poder con tanta regularidad? No podía vivir sin alimentarse de dolor y sufrimiento, matar era una necesidad vital, y su fiel aliado, el maligno, le reclamaba más almas . El negocio había empezado a dejar de dar frutos; a penas victimas y poco dinero. Las deudas comenzaban a acumularse.

Las risas volvieron a importunarle. Sabia que eran ellas, se burlaban de su infortunio , de su desdicha. Lo asediaban también en la noche, había visto sus espectros vagar por los pasillos, sus cuerpos mutilados y desollados parecían haber vuelto a la vida para inquietarle.

—¡Dejad ya de reír, malditas! .—Le gritó a la soledad

Los libros de contabilidad comenzaron a salir disparados de las estanterías donde estaban apilados, aterrizaron de manera violenta contra el suelo.

—¡No vais a conseguir asustarme, furcias! ¡marchaos al infierno!

Abandonó a toda prisa su despecho, se sintió indispuesto tras presenciar aquel hecho tan desconcertante. Mientras corría por los tenues pasillos de su particular castillo de los horrores, las risas hacían eco en su cabeza.

—¡Dejadme en paz!

Una arcada lo hizo detenerse en mitad del recorrido a penas alumbrado, intentó contener su angustia. A sus espaldas, sintió una presencia, podía percibir cuando se acercaban a él, el frío surgía de pronto poniéndole la carne de gallina. Temió darse media vuelta y encontrarse frente a frente con el espectro. Pudo sentir su gélido aliento tras de sí, y un hedor pestilente que se hacia insoportable de respirar. Pensó en armarse de valor y enfrentarse al fantasma que lo hostigaba, pero finalmente desistió. Habían dejado de ser las inofensivas mujeres que él podía torturar, ya no eran inocentes, ansiaban venganza.

Corrió hacia el baño y echó el pestillo. Nervioso se lavó la cara, tras hacerlo se sintió muchísimo mejor. De pronto el timbre de recepción sonó como una bendición.

—¡Clientes!—

Ansió que así lo fuera.

—¡Más almas..., más almas Holmes!

Se personó impecable en recepción. Nada hacia sospechar que segundos antes había estado sufriendo arcadas tras ser asediado por fantasmas que lo martirizaban.

—Buenas noches, caballero.

Solo tuvo ojos para la joven que lo acompañaba. Un regalo caído del mismísimo cielo sin haber tenido que rogar a ningún Dios. Era como una dulce muñeca de porcelana que él podría romper en mil pedazos. Ataviada de elegantes vestimentas y ostentosas joyas, lucia como una niña disfrazada de mujer, pues no aparentaba tener más de dieciséis años de edad, esas eran sus favoritas, las que gozaban de la recién estrenada adolescencia.

Respiró hondo discretamente, dejándose así aturdir por el grato aroma que desprendía la joven. Observó sus labios pintados rojo carmesí y fantaseó con morderlos hasta arrancarlos de aquel bello rostro. Imaginó como torturarla; le practicaría una autopsia en vida. Sin ser consciente de ello fue presa de una tremenda erección. Temeroso de que sus clientes percibieran su desmesurado estado de excitación, su lado más racional, tomó de inmediato dominio de sus pensamientos. Jamás perdía el control, pero las preocupaciones y los acontecimientos vividos en los últimos días le estaban afectando y se sintió un tanto vulnerable.

—Desearíamos una habitación de matrimonio, nos alojaremos solo una noche, estamos de paso.

A Holmes no le pareció que la chica pudiera ser su esposa, pero tampoco le importó mucho el parentesco que pudieran tener sus huéspedes, estaba claro que él no era mucho mayor que ella, aquellos dos jóvenes huían de algo, se olía a la legua, y si habían escapado de sus casas de manera furtiva, eran victimas idóneas . No les ofrecería habitación de matrimonio, a la chica la quería sola, solo la necesitaba a ella. Comenzó a maquinar su plan, los alojaría en dormitorios separados y despacharía al joven a la mañana siguiente con la historia de que su esposa había abandonado el hotel de madrugada portando sus enseres. Su inmadurez no le haría sospechar, no pondría en duda las palabras de un adulto y se marcharía sin dudar en busca de su amiguita.

—Lo siento caballero, no hay ninguna libre. Tampoco tengo disponible ninguna habitación doble. Puedo ofrecerle dos individuales.

—Nos alojaremos en una individual para los dos, no puedo dejar sola a mi esposa, es ciega.

Holmes se sorprendió ante el comentario. Observó nuevamente a la joven y advirtió entonces aquella mirada perdida, aquello le excitó muchísimo más, seria el verdugo en un mundo de oscuridad. Su plan tenia que variar, debía deshacerse del chico ya que no se separaría de la linda muñequita.

—¡Espera Peter! ¿escuchas eso...?

El joven de inmediato pareció ponerse alerta ante el comentario de la chica.

—No, no escucho nada, aunque si tu lo escuchas....

Holmes si que lo escuchaba ; risas ,gritos, lamentos, suplicas y ruegos... ¿pero por qué ella también los escuchaba? solo lo atormentaban a él , ningún huésped jamás había mencionado escuchar aquellas voces malditas.

La sorpresa fue mayor para Holmes cuando cientos de espectros comenzaron a pasearse por el amplio recibidor surgiendo de la nada. La visión era aterradora, la temperatura descendió tremendamente en cuestión de segundos y el hedor se hizo insoportable.

—¡¡Vayámonos, Peter, vayámonos, están todas muertas y este hombre las ha matado a todas, huyamos de este lugar, de prisa!!

El joven obedeció de inmediato.

Holmes estaba tan sumamente sorprendido que no hizo nada por retenerlos. Sin duda era ciega, pero podía ver más allá que todos los demás. Allí se quedó plantado ,escuchando todas aquellas voces condenadas, acompañado de los fantasmas que lo atormentarían por siempre...

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Patapalo
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H.H. Holmes, sin duda un asesino histórico que ha suscitado curiosidad entre los autores...

En primer lugar, creo que deberías cuidar más el aspecto formal: faltan bastantes tildes, hay erratas como despecho por despacho y algunos temas de formato que ya darían mejor impresión (como quitar las rayas de los diálogos cuando no hay acotación después). Son cosas que pesan mucho en las selecciones, sobre todo cuando llegan muchos relatos.

Luego, creo que hay dos aspectos que podrías pulir y que harían ganar varios enteros al relato. Por un lado, convendría que buscaras una mayor precisión en las frases, que evitaras circunloquios erráticos como "Pensar en la posibilidad de que el cierre se auguraba como futuro próximo le causaba intranquilidad." No es necesario ser conciso, pero sí, por lo menos, preciso. Por otro lado, el relato ganaría con un clímax. Una vez creada la atmósfera (la baza de las presencias espectrales es muy buena), se requiere un cierre que ponga los pelos de punta y, en este caso, creo que hubiera funcionado mejor algo menos descriptivo.

Por supuesto, son impresiones subjetivas.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Gracias por todas esas impresiones, siempre son validas para mejorar Guiño

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Sanbes
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Muy buenas Mariansp, para empezar diré que yo no conocía nada a este asesino, y lo primero que he hecho al finalizar el relato a sido buscarlo en la wikipedia. ¡Vaya tela de tío! Pues a mí me parece peor este que el de texas, del cual hicieron psicosis y la matanza de texas.

Bueno, vamos a lo importante, el relato.

Para empezar a mi me ha gustado muchísimo. Salvo el final. Pero vamos por partes.

Creo que las descripciones del hotel, del asesino, su voces interiores y los espíritus que lo atormentan están muy logradas. Consigues meter al lector dentro del relato, y por momentos me sentía en uno de esos tenebrosos pasillos. De hecho, iba pensando que es un relato que no me hubiera extrañado ver en la antología, y que los que han seleccionado deben ser una pasada.

Pues bien, todo me gustaba mucho, hasta el final. Creo que pierde mucha fuerza. Desde el momento de la idea de que no tiene dos habitaciones juntas (a mí no me ha gustado, me parece que Holmes es mucho más inteligente para tener una idea con la que corra el riesgo de perder a los huéspedes), luego la ciega, viéndo a todos los espíritus... No digo que eso esté mal, creo que lo malo es el conjunto de la escena final.

Al final me he quedado con un poco de bajón, pues se merecía un final a la altura del resto del relato. Y creo que eso ha podido pesar mucho en la valoración final. Al menos a mí me pesaría.

Por lo demás, un relato que he disfrutado muchísimo leyendo.   

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Gracias por tu valoración, me es super valioso todo lo que me comentáis. Es cierto, el desenlace debí mejorarlo. Quizás deba reescribir este relato por satisfacción propia.

 

GraciasGuiño

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