Psicogeografía: cartografiando la ficción

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Un artículo sobre esta nueva tendencia en la literatura

La mitificación de los territorios reales no es nada nuevo. Tanto California como La Patagonia fueron bautizadas por los conquistadores españoles en honor a sendos lugares ficticios que aparecían en libros de caballería y, hoy en día, gran parte de los hosteleros de Castilla La Mancha viven mucho mejor gracias a los visitantes que se acercan para seguir la «Ruta del Quijote», tomando como punto de partida no el paraje, que no es muy diferente a cualquier otro de secano, sino al hidalgo ficticio que lo recorrió, precisamente con el seso sorbido por esos mismos libros de caballería que sirvieron para bautizar las tierras de Ultramar.

No hace mucho apareció publicado que los negros americanos de clase media-baja ya no pueden permitirse vivir en Harlem porque, como buena parte de Nueva York, se ha convertido en una atracción para los visitantes, donde el dinero de las carteras extranjeras aporta mucho más de lo que ellos pueden ofrecer por un alquiler. Una especie de Disneylandia para adultos a la que van turistas de todo el mundo para conocer los escenarios de algunas de sus películas favoritas.

Al parecer, Los Ángeles no está plagado de mafiosos molones a lo Pulp Ficcion, detectives a lo Chandler, tías buenas de barra a lo Bukowsky, ni nunca ha sido objeto de un apocalipsis a lo Philip K. Dick. Quienes lo han visitado me cuentan que es una especie de ciudad-dormitorio gigante, pero estos autores, con sus libros y películas, supieron dotar de interés su entorno habitual. Los más jóvenes, probablemente, tengan ganas de viajar a Tokio para encontrarse con todas esas comidas raras, gothic lolitas y yakuzas que han visto en los animes y mangas. Sus abuelos, sin embargo, es posible que tengan más interés por conocer los países nórdicos después de haber leído las tropecientas novelas policiales que han salido al mundo en los últimos años de allí. Lo más lógico es que unos y otros disfruten al ver con sus propios ojos los escenarios de sus ficciones favoritas, pero no encontrarán mercenarios con katanas ni chicas punks autodestructivas con habilidades detectivescas.

Incluso la muy británica en su concepción Tierra Media es el reclamo que Australia utiliza para hacer atractivo todo un país, plagando de hobbits, orcos y elfas sus anuncios de la compañía aérea nacional. En las agencias de viajes, aparecen publicitadas visitas a diversos monumentos de medio mundo con «guías teatralizados» que impostan ser personajes históricos ligados a cada monumento, de forma que las fronteras entre lo verdadero, lo falso y lo ficticio se diluyen deliberadamente al cruzar las fronteras geográficas.

Actualmente, en Londres es donde más autores se definen a sí mismos como psicogeógrafos. La ciudad de Sherlock Holmes tiene ahora una nueva carga fantástica: puede que no sepamos quién construyó su parlamento ni en qué siglo, pero sí que lo vimos en V de Vendetta y que James Bond lo visitó alguna que otra vez. La novedad más inmediata es mitificar recorridos que de por sí no tengan ningún atractivo. Los monumentos más conocidos de cada ciudad, ya han sido tratados en las suficientes películas y novelas, hace falta hormigón nuevo para alimentar la imaginación y también, en un futuro, ideas que endurezcan ese cemento y lo hagan permeable a las divisas y la curiosidad.


 

Iain Sinclair pasó un año recorriendo a pie la carretera de circunvalación de Londres, buscando datos interesantes que pudiesen engrandecer la crónica de esa travesía, y es que la tendencia se relaciona directamente con una actividad relativamente nueva, de la que se declara devota, entre otras personas, Cherie Priest, autora de la exitosa serie Boneshaker en la que algo toma de esa afición suya: la «exploración urbana» o «infiltración». El hallazgo no es muy diferente a lo que todos hicimos alguna vez de niños cuando nos colamos en alguna obra o casa abandonada, pero desde una perspectiva más estudiada. Consiste en organizar y realizar seriamente expediciones a lugares de difícil acceso, como fábricas, hospitales o polígonos en desuso, para desentrañar sus misterios, generalmente acompañando de fotos que muestren lo mejor de estos lugares y documentando en parte su historia. A su vez, este tipo de exploración ha inspirado y se ha inspirado en gran medida en una forma de ficción nueva, los videojuegos, y es particularmente popular en Rusia, donde los libros de Dimitry Glukhovsky son vistos como una biblia para esta actividad de la que Stalker sería el antiguo testamento apócrifo; podría ser una salida turística a todas esas ruinas de aeropuertos, barrios completos y estaciones sin estrenar con las que nos obsequiaron las constructoras en plena etapa de burbuja inmobiliaria.


 

A ojos del mundo, un lugar vale tanto como las historias que lo pueblan. Cuando el situacionista Guy Debord acuñó el término «psicogeografía», probablemente no tenía ni idea de hasta qué punto sería mercantilizado; la idea era, simplemente, dotar de un poso emocional los paseos.

Finalmente, además de una de las penúltimas modas literarias, ha demostrado ser una forma de comercializar, mediante ideas abstractas, lugares reales. Pero es además una nueva etiqueta, tan aleatoria como cualquier otra, para agrupar y vender ficción. Parece que algunos medios de tendencias han picado el anzuelo y que pronto la palabreja será aún más popular, lo que no tiene nada de malo. Vista la influencia que la ficción ha tenido para vender como destino unos y otros lugares del mundo, no está de más que el mundo le devuelva el favor. En cualquier caso, es lo que nos viene.

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Patapalo
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Muy interesante este tema. La verdad es que hay ciudades que se prestan, como Londres, que inciden mucho en el turismo a pie y tienen autores (Gaiman, Barker, etc.) que han sabido sacar jugo al mundo dentro del mundo normal. Nunca me he planteado seguir la pista de estos escenarios, aunque sí me crucé con la casa de Baker Street y he sido un irredento visitante de casas abandonadas.

Por cierto, en Madrid tenéis a algunos autores haciendo cosas interesantes con el tema.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Crocop
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Londres es un poco el centro donde el movimiento  ha calado más profundamente en esta nueva oleada. En Madrid y Barcelona hay cosillas que, de calar aquí también la etiqueta, se podrían incluir como parte de ella (el detective Solo, sin ir más lejos). 

De las ciudades de habla hispana, quizá la más afin a todo esto sea Buenos Aires. El Eternauta es parte de la ciudad e incluso está en murales, del mismo modo que los estadios de fútbol y los lugares  emblemáticos están en sus páginas. Cuando nevó de verdad allí, salió en todas las noticias, solo medio en broma,  como "¡el principio de la invasión del Eternauta!".  Además de, por supuesto, Borges, Arlt... En Perramus: el alma de la ciudad (título significativo), aparece un pentágono psicogeográfico similar al de From Hell. Además tienen varias sociedades constituidas  de "exploración urbana".

 

Ferrum ferro acuitur

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Kaplan
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Otro que anda muy interesado por el tema, enhorabuena por el artículo. Esta semana han sido varios los sitios en los que he acabado leyendo sobre Sinclair. Algo me huelo que acabarán editándolo en castellano, ¿no? ¿NO?

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Crocop
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Hola Kaplan: me alegra que te haya interesado.

De Sinclair, que yo sepa, solo existió una edición  de "Whitechapell, trazos en escarlata", precisamente de Buenos Aires. También estrenaron allí su película sobre la carretera de Londres.

Como sabes, vimos a Sinclair interpretando a uno de sus personajes en LXG: Century, junto al Jerry Cornellius de Moorcock, otro londinense e ilustre "psicogeógrafo". Y es que, si los videojuegos han influido mucho en la popularización de la "exploración urbana", para la psicogeografía, en todas partes donde he consultado, se hacía mucho hincapie en el cómic.  No podemos olvidar a Adele Blanc-Sec en París, por ejemplo.

Ferrum ferro acuitur

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