El poder del perro

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Reseña de la novela de Don Winslow publicada por Mondadori

Es un gran libro este. Grande, poderoso y fiero. Como un gran perro.

Definirlo es complicado: una narco-novela, dicen algunos; otros, un libro sobre la droga y otros más como El guerra y paz de la frontera. Pero es tan incalificable que cualquier nombre le queda corto.

Narra, de forma amena, rápida y muy peculiar, los entresijos de los cárteles mejicanos de la droga, de cómo evolucionan, cambian, luchan entre sí y al mismo tiempo los esfuerzos de la DEA en su lucha con ellos, pero la novela salta esos límites y se apropia de mucho más. Habla de la lucha imposible contra la droga, de la política exterior de USA en su “patio trasero”, Centroamérica y América del Sur. Habla de la corrupción en la sociedad mejicana e incluso sus salpicaduras en la estadounidense. Habla de la mafia clásica de Nueva York y habla de seres humanos, muchos en situaciones dramáticas, en los que la muerte es, en algunos momentos, un acto de bondad.

La novela no da tregua y tiene la facultad de engancharte a la mínima ocasión que se lo permitas. En las primeras páginas ya lo deja claro:

“Tengo que vivir con el hecho, piensa Art, de que escribía nombres de hombres en una hoja de papel y, al hacerlo, firmaba su sentencia de muerte. Después, todo es cuestión de encontrar una forma de vivir de una manera decente en un mundo indecente.” Pag.32.

La novela se articula a través del personaje principal, Art Keller, agente de la DEA, ex agente de la CIA y veterano de la guerra de Vietnam. Art dirigirá los esfuerzos que su agencia y gobierno hace contra la droga en su vecino del sur. Al poco, y ello ya será una constante en el resto de la vida del personaje, intentará conseguir alguna pequeña victoria que le conduzca a una victoria final. Para ello, irá dejando pelos en la gatera de manera constante: primero su familia, luego sus amigos, su vida privada y cualquier atisbo de normalidad, todo lo absorberá su trabajo y los enemigos que en él se crea.

Pero la novela es rica también porque el autor usa de varios personajes más: Nora, una prostituta que poco a poco se irá adentrando en el mundo de los grandes cárteles, y sobre todo Callan, un irlandés de Hellkitchen, que arrastrará su alma atormentada por todos los lugares donde se necesiten personas con habilidades en terminar con la existencia ajena y escasez de escrúpulos. A ello sumará también algunos pequeños puntos de vista, de personajes secundarios, pero que dotan a la novela de una mayor profundidad.

La novela va tomando hechos reales. Según el prólogo, el autor tomó datos reales de actores en los hechos, y sobre ellos va pivotando la acción de la novela. Aunque parezca mentira los hechos que narra en la novela quedan cortos con lo ocurrido en la realidad, en especial la violencia. Es una constante en el libro y no lo es menos en la dura realidad mejicana. Pero uno de los grandes aciertos del autor es hablar de ella como un elemento más del negocio de las drogas. En el fondo es igual, vender un kilo de cocaína que terminar con la vida de algún camello que traicionó al jefe del cártel. El autor queda al margen de los hechos y en muchos de ellos, algunos luctuosos, crea un barniz de indiferencia hacia ellos, a través de los protagonistas, que tiene el efecto contrario al deseado, es decir, crea un interés mayor por la muerte o la visión de ella de algunos personajes. Por eso llama tanto la atención que los protagonistas registren en sus mentes y en sus comportamientos una de esas muertes, haciéndola como palanca y motor de sus hechos posteriores e incluso de sus vidas.

Descubre así, de manera apropiada, el comportamiento del ser humano hacia la muerte y sobre nuestra manera de relacionarnos con ella. Es por esa relación con la muerte, muy intensa en toda la parte mejicana de la novela, que esa sociedad atrae. Es violenta, despiadada, corrupta, pero tan vital y tan humana que solamente nos puede provocar atracción.

Hablar sobre la sociedad mejicana reflejada en la novela y que probablemente sea verdadera es una auténtica locura. La corrupción, la violencia y la muerte están tan entrelazadas en los mimbres de esa sociedad que existen momentos en los que te deja la seria duda de cómo podrán vivir así. Si existe una palabra que prevalezca en la sociedad mejicana, al menos en la retratada en la novela, esa es corrupción: ella lo toma todo, lo absorbe todo, desde el más mísero menestral hasta el primer ministro, tomando por el camino a hombres íntegros e incluso a cardenales; nada queda libre de tal lacra. Por eso, cuando aparecen personajes honestos, su propio comportamiento roza la deshonestidad hasta tal punto que en algún momento es más peligroso quien obra acorde a la ley que quien milita en el lado contrario.

Reconozco que es un tanto confuso, pero esa sensación, tan bien creada por el autor, sólo se puede explicar si se destroza la novela y no estoy dispuesto a ello; me gustaría que algunos pudieran disfrutar tanto como lo he hecho yo.

La novela trata sobre drogas, pero lo hace de una forma novedosa. El autor ha investigado de firme y eso se nota. Ha dedicado tiempo a hablar con implicados y el punto de vista que ofrece sobre las drogas y el narcotráfico es tan real y tan diferente a lo expuesto que llama la atención. En este párrafo se resume buena parte de ese pensamiento:

“Y esto es lo que los norteamericanos no consiguen llegar a comprender, que lo único que consiguen es aumentar el precio y hacernos ricos. Sin ellos, cualquier bobo con un camión viejo o una barca agujereada con motor fueraborda podría transportar drogas al norte. Y entonces el precio no compensaría el esfuerzo. Pero tal como están las cosas, hacen falta millones de dólares para mover las drogas, y en consonancia los precios son altísimos. Los norteamericanos se apoderan de un producto que crece literalmente en los árboles y lo transforman en una mercancía valiosa. Sin ellos, la cocaína y la marihuana serían como las naranjas, y en lugar de ganar miles de millones pasándolas de contrabando, yo ganaría unos pocos centavos trabajando como un negro en algún campo de California, recogiéndolas.” Pag. 417.

Con este párrafo se ha dicho casi todo del tráfico de drogas, pero este lo remata: es una declaración realizada por el principal protagonista tras concluir la captura de un capo de la droga:

“Las drogas dejaron de llegar desde México durante unos quince minutos después de la caída de ………, y después los nuevos chicos del barrio le sustituyeron. Entran más drogas que nunca en el país.”

Las referencias en nuestro país sobre estas novelas son muy cercanas. La novela recuerda, y mucho, lo narrado por Pérez Reverte en La reina del sur, pero aquí se toman los hechos más violentos como una parte más de la narración y se acerca más a la otra referencia que nos llegó no hace mucho, la novela policíaca de Ellmer Mendoza, Balas de plata. A ello se suman los narco-corridos de “Los tigres del norte” que crean un panorama muy acorde a la novela y al ambiente que pretende crear.

Otra cuestión es la edición de la novela. Mondadori, la editora, no creo que confiara mucho en las posibilidades de la obra, porque la presentación es bastante cutre y deja bastante que desear. Hay bastantes erratas y la corrección del texto es muy floja. Se han dejado abundantes faltas de ortografía sin corrección y en algunos puntos se detecta una traducción no muy exacta. En cuanto a las faltas de ortografía destacaría el abusivo uso de no acentuar la palabra “solo”. En la novela no acentúan ninguna, pero de todos es sabido que sí es adverbio se acentúa y si es adjetivo no.

En resumen, es una gran novela, de fácil lectura y con la facultad de tomar al lector y no permitirle soltar la novela hasta no haber terminado su lectura. Es novela de más de setecientas páginas y cuando termina parece corta.

No se pude prescindir de ella.

 

DATOS TÉCNICOS:

714 páginas

14 x 22 cm

Precio: 17,90 €

ISBN: 9788439721338

EDITORIAL: MONDADORI

Fecha de publicación: 2009

 

Sinopsis

La guerra contra las drogas al desnudo. Un thriller épico, coral y sangriento que explora los rincones de la miseria humana.

Cuando su compañero aparece muerto con signos de haber sido torturado por la mafia de la droga, el agente de la DEA Art Keller emprende una feroz venganza. Encadenados a la misma guerra, se encuentran una hermosa prostituta de alto standing; un cura católico confidente de ésta y empeñado en ayudar al pueblo, y Billy «el niño» Callan, un chico taciturno convertido en asesino a sueldo por azar. Narcovaqueros, campesinos, mafia al puro estilo italo-americano, policías corruptos, un soplón y un santo milagrero conforman el universo de esta historia de traiciones, frustración, amor, sexo y fe sobre la búsqueda de la redención.

Una trama vertiginosa y absorbente, repleta de sangre, narcos mexicanos, nacionalistas irlandeses, implicaciones políticas internacionales, torturas, venta de armas y alta tecnología. Un universo en sí misma.

La novela transporta al lector de los suburbios de Nueva York, a San Diego, de los desiertos mexicanos pasando por el río Putumayo en Colombia hasta un violento desenlace final.

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Patapalo
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En cuanto a las faltas de ortografía destacaría el abusivo uso de no acentuar la palabra “solo”. En la novela no acentúan ninguna, pero de todos es sabido que sí es adverbio se acentúa y si es adjetivo no.

Según las últimas enmiendas de la RAE, esto ya no es así. Antes se acentuaba en caso de ambigüedad. Ahora, en ningún caso, que yo sepa.

Pinta muy interesante el libro. A ver si hago un hueco en mis lecturas y me lo pillo.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Kaplan
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Es todo lo que debería ser un best seller. Un libro de lectura agilísima que encima revisa treinta años de una historia tan oscura como la de los narcos en la frontera de México y EEUU. No lo dudéis. A por él.

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