Esa bella melodía

Imagen de Patapalo

Reseña de la antología de microrrelatos de Pedro Escudero Zumel publicada por 23 Escalones

 

En una primera aproximación, se puede pensar que la microliteratura no es más que una recopilación de ideas felices, giros ingeniosos y chistes más o menos fáciles. Nada más lejos de la realidad: la buena microliteratura, como pone de manifiesto este libro, es un territorio lleno de posibilidades, donde el autor ha de hacer gala de una gran destreza para que el lector no se distraiga ni le sepulte de inmediato en el olvido.

Esa bella melodía es un compendio de microrrelatos en los que, a priori, prima el humor negro. Es un mosaico de obras ultrabreves, algunas de una simple línea, que van golpeando como mazazos al lector. Este, poco a poco, se va dando cuenta de que, en realidad, el humor, por negro que sea, es un factor casi secundario dentro del libro, un vehículo de la verdadera espinal vertebral de la antología: la famosa bella melodía del título.

A través de juegos de palabras y referencias a nuestro imaginario colectivo, Pedro Escudero Zumel va fijando nuestra atención en la realidad que nos rodea. Podríamos pensar que habla de mundos fantásticos, pues muchas referencias recurren a clásicos de la literatura fantástica, como los siempre sugerentes libros Peter Pan o Alicia en el País de las Maravillas, o directamente a los cuentos populares. Sin embargo, es un engaño que no conseguiremos mantener mucho tiempo: el autor nos está remitiendo, sin piedad, a nuestro propio entorno. La fantasía y la literatura en Esa bella melodía no son más que un espejo que nos muestra un mundo deformado. Por desgracia, no es por efecto del reflejo.

Gran parte de esta fuerza narrativa y una de las claves en las que se sustenta la antología es la facilidad de Pedro para crear cadencias y personajes. Resulta paradójico que en pocas palabras consiga perfilar con tanta viveza a los protagonistas de su narrativa en unos tiempos en los que estamos acostumbrados a los personajes planos que flotan en un exceso de paja.

No es el único secreto que guarda el libro, pero estos quedan para el lector que se atreva a seguir la melodía. Una obra muy recomendable para todo el que quiera disfrutar de la precisión del lenguaje, de su despiadada fuerza cuando está en las manos adecuadas. La edición de 23 Escalones es, además, una auténtica delicia, tal y como adelanta la impactante ilustración de cubierta de Irene León Guijarro.

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