El baile de los secretos

Imagen de senenlozano

Reseña de la novela de Jesús Cañadas publicada por Grupo Ajec

 

Este fin de semana he tenido una experiencia culinaria de lo más curioso. Me descubrieron un restaurante espectacular, con precios populares y al que la rumorología ciudadana calificaba de sobresaliente. No tuvimos que esperar mucho para que los aperitivos que nos sirvieron me provocaran una salivación desmesurada y cierto sonrojo cuando mis tripas festejaron sonoramente lo que mi decoro no dejaba traslucir.

Con un pestañeo desaparecieron las viandas y los platos vacíos corrieron el telón para dejar paso aun segundo acto (plato) prometedor. Pero las expectativas superaron a la realidad y la comida emergía sobre las ilusiones creadas. Insulsa, escasa y cara.

Vale, me dejé llevar por el entusiasmo. No fui objetivo (quién puede serlo con un hambre obtuso y primigenio).

El caso es que llegué a casa con una sensación desagradable en el estómago (se puede llamar apetito insatisfecho), dispuesto a trinchar la obra de Jesús con desgana. Abro el libro, comienzo a leer y una sensación de déjà vu se apodera de mis papilas literarias.

Los entrantes con forma de primer capítulo (Salvar a la princesa) prometen una más que satisfactoria deglución, pero la desconfianza ya se había apoderado de mi criterio y este no se dejó llevar por el entusiasmo. Una decepción al día creo que es suficiente.

Con el ceño fruncido esperando la decepción, fui desgranando las páginas. Poco a poco al principio y más tarde de manera incontrolada. Tal era la calidad que encerraba la tinta vertida en las hojas que mi frente se relajó para arquear las cejas otrora compungidas.

Tras los entrantes, llegaron unos suculentos primeros platos que abrieron camino a los segundos deliciosos y los postres increíbles. Mi hambre al fin quedó satisfecha gratamente.

Os importarán muy poco mis gustos culinarios pero es que Jesús es un gran cocinero. Te ofrece unos aperitivos realmente suculentos que despiertan la curiosidad de cualquiera y empujan a averiguar qué viene más tarde. Y lo que viene a continuación no defrauda.

Compagina soberbiamente la realidad con la ficción, siendo esta última una enorme metáfora del mundo real. No se inventa un mundo nuevo, como puede parecer tras una lectura superficial, tan solo plasma líricamente una existencia palpable que todos hemos experimentado.

La novela nos empuja sin miramientos a una sustantividad adolescente, a esa etapa vital en la que la escala cromática no existe y todo se tizna de blanco o negro. Las respuestas son tan claras y tan rotundas como las preguntas, y nada se pone en duda fuera del criterio propio. Y todos nos vamos a ver reflejados en estas páginas porque todos hemos pasado por las mismas situaciones que los protagonistas. La única diferencia entre el mundo creado por el autor y nuestras experiencias vitales es la manera de relatarlo. Dejando a un lado la cuestión generacional, y la manera de ver la realidad, todo aquel que apueste por los sentimientos sencillos (¿existe este concepto?) va a llevar un puñetazo directo a sus creencias almohadilladas.

Aquel que no quiera ver tambaleándose sus recuerdos, o que espere una sencilla novela de entretenimiento, se equivoca de lectura. Si lo que quiere es reflexionar sobre los sentimientos que rigen el movimiento de traslación y rotación de las emociones humanas... Esta es su novela. Encontrará una lectura amena, sí, pero que despierta inseguridades porque toca hilos conocidos por todos; plantea interrogantes que pueden haber sido empujados al olvido por su incómoda condición. Una obra que compagina unos excelentes actores definidos detalladamente dentro de un contexto tan conocido como fantaseado; donde la poética manera de expresar la condición humana y sus ancestrales motivaciones nos arrastra página tras página a un mundo concebido sobre los pilares de la imaginación.

Una obra, en definitiva, que no dejará a nadie indiferente y en la que el autor ha volcado todo su sentimiento y genio creativo para conseguir una estupenda lectura. Podría hablaros de Gabriel, de Carla, de la abuela o de las extraordinarias tardes adolescentes que me entretuve jugando al rol; pero no. Los engranajes de la máquina del Relojero indican que ya es hora de que me deje llevar por el aroma de una vela perfumada. Caminando se aprende a andar y aprender a disfrutar se descubre leyendo.

Hincadle el diente sin temor a esta deliciosa vianda de sabor tan sugerente que es El baile de los secretos.

 

Senén Lozano

Imagen de Patapalo
Patapalo
Desconectado
Poblador desde: 25/01/2009
Puntos: 196415

Un libro al que le tengo muchísimas ganas. A ver si en breves puedo hincarle el diente.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

Imagen de invunche
invunche
Desconectado
Poblador desde: 14/12/2009
Puntos: 4

Gracias picha, y gracias a todo ociozero por incluir la reseña. Estáis haciendo que un novato toque el cielo con vuestros comentarios y vuestro apoyo. ¡Un abrazo!

J.

------------------------------

El Baile de los Secretos

En Mayo de 2011 en Grupo AJEC

http://bailesecretos.blogspot.com

 OcioZero · Condiciones de uso