Lluvia

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Un relato sombríamente fantástico de Felipe Fernández

 

-Han surgido charcos en el perfecto enlosado de la urbe capitalina, y es un engorro sortearlos para no enfangar el preciado calzado, aun así, es inevitable salpicarse entre tanta agua vertida desde el cielo, ahora infestado por nubarrones negros como la conciencia de sus ciudadanos.

-Los impolutos zapatos marcados desde ahora con la negra pez de las miserias de la capital. No intentes limpiarlos, más vale que al llegar al apartamento los tires. Para qué limpiarlos si puedes comprar otros.

-El agua sucia ha trascendido el cuero del zapato y humedece el punto del calcetín. Esa irritante humedad se desplaza por el calzado y llega el pie. Visto y no visto, es un puro charco. Esa humedad se propaga gota a gota, es la constatación cabal, la demostración evidente de que el agua se reproduce en los pies de los individuos y les va robando el liquido propio del que están formados, en gran medida, los seres del mundo.

 

Cuando habitas en una región que dispone de una variedad de estaciones y climas, al llegar la primavera, vienen las lluvias, por un lado es molesto si tienes la colada tendida, por otro lado limpia la atmósfera de la irritante polución, constatando que no llueve a gusto de todos.

Es frecuente compartir las calles con los animales de compañía y ver de vez en cuando acuclillarse a la gente, siguiendo el ritmo de la gimnasia callejera. Hay algunos amos que pasan de gimnasia y nos dejan un recuerdo de sus mascotas para esquivar. No obstante las molestias no le deseo mal a nadie, incluidos los amos indolentes.

Yo no estaba preparado, creo que nadie, para lo que vino a continuación. Los aullidos de los perros reventados por el dolor al ser devorados en vida, robados del agua que les pertenecía han sido el primer síntoma, mas presto, cundió la alarma cuando el agua sucia traspasaba los calzados y se comportaba tan arteramente con los hombres y mujeres, como primero les había ocurrido a las encantadoras mascotas de la ciudad.

Los servicios de Urgencias empiezan a recibir a los que desafiando a las inclemencias del tiempo habían salido para darse un paseo, a si mismos, o tal vez a su animal doméstico. Mordidas ahora por las aguas ponzoñosas ven en las camillas como los pies van perdiendo agua, tras angustiosos dolores por las terminaciones nerviosas descubiertas y que son las ultimas en diluirse.

Primero la piel y la carne, siguen los huesos y al final los nervios al aire rabiando de dolor hasta perder el conocimiento, que el propio dolor se encarga de despejar para volver a sumirse en el desmayo tras lacerantes gritos.

La horrible desesperación de ver aguarse las extremidades, ver cómo desaparece la carne dejando pender los nervios desde la rodilla que también se desaguarán pero mas tarde.

Un loco que salió sin paraguas, medio calvo él, presenta un espectáculo tan desagradable mientras se diluye su cabeza. Piel y huesos dejando al descubierto la masa encefálica que no tarda en seguir los pasos de la dermis dejando al descubierto una maraña de neuronas chisporroteantes y poco a poco se diluyen apagando el sistema, pasando a estado OFF. Después de muerto siguió diluyéndose hacia abajo, juntáronse las dos tendencias desde la cabeza a los pies, y al final solo nos dejo un gran charco.

El agua es el disolvente universal, puede ser lenta, pero es persistente.

Los ladrillos pierden su agua y solo la arcilla seca sostiene el edificio un instante fugaz, para terminar escurriéndose como un reloj de arena. Un chapoteo de arena sobre el agua y la caída libre de la gente desde sus viviendas y un plaf final de muebles y personas.

Temo el día en el que la lluvia venga.

Temo el día en el que el mundo se deshaga.

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Patapalo
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El relato me ha parecido muy sugerente en su escenario, pero, al mismo tiempo, creo que se podría haber desarrollado más. Conmigo tiene el problema añadido de que queda algo soso en comparación con Lluvia sangrienta, el relato con el que Roberto Malo se llevó el premio Nocte hace unos años. Si no lo conoces, te recomiendo que lo leas.

En cuanto a aspectos a mejorar, creo que deberías revisar la puntuación de las frases. Hay bastantes comas que convendría sustituir por puntos.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Ulpiano
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Te doy la razón debería haberlo desarrollado.

Voy a buscar el relato que citas, lo desconocía.

Gracias por comentarlo

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