La identidad perdida

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Siete pautas para que los personajes de una obra narrativa cumplan su cometido

Aunque los personajes son uno de los pilares fundamentales de una buena parte de relatos y novelas, son también uno de los puntos por los que con más frecuencia se desangran estas obras. Da la impresión de que frente a la trama, la idea subyacente o incluso el estilo de la prosa se consideran secundarios en muchos aspectos, como si bastase con que ejerciesen de altavoces del autor.

En los siguientes puntos, que podrían tomarse como consejos —siempre con pinzas, como todo lo que atañe a las actividades creativas— o como simples reflexiones, voy a ahondar un poco en algunos aspectos que considero claves en su tratamiento.

1. La emancipación del personaje: Cada uno de los personajes de una obra es una entidad propia. Ya señalamos en Confusiones entre personajes y autores que hay que marcar una frontera —cuya solidez queda en las manos del creador— entre el autor y los personajes que participen en su obra. Desde el punto de vista de este artículo hay que incidir en que estos no son deudores de lo que el autor desee contar, sino de su propia lógica interna. Si esto desemboca en que el autor tiene que modificar algunos pasajes de su obra, es incluso saludable: implica que está trabajando bien al reparto. Quizás no con la suficiente previsión, pero sí con la suficiente consciencia.

Un primer fallo con los personajes es que dé la impresión de que están ahí porque el autor los necesita en ese punto concreto. Por mucho que sea siempre verdad, genera una sensación de artificio que será difícil borrar por bien que discurra el resto de la obra.

2. El modo de expresarse de los personajes: Con frecuencia se plantea la cuestión del registro en el que el autor debería escribir su obra, si incluir sus propios giros lingüísticos, un habla de la calle, una más impostada... Sin embargo, en pocas ocasiones se reflexiona sobre el modo de expresarse adecuado para cada personaje.

No hay que perder de vista que cada personaje es distinto de los demás y del propio narrador —excepto si la narración apunta lo contrario, claro— ni, sobre todo, que los diálogos son el modo más directo por el que conocemos a un personaje. Sí, sus actos y la descripción que nos dé el narrador ayudan, pero suele ser cuando hablan el momento en el que el lector les da una forma, los hace vivir en su propia lengua, a veces poniéndolos en relación con lo que conoce. Esto no implica que se deban usar vulgarismos y notaciones artificiosas para reflejar su modo de hablar: nuestro cerebro es capaz de destilarlas y, por el contrario, pueden lastrar la lectura o ser más artificiosas que un registro formal.

3. El trasfondo de los personajes: En tiempos, se recomendaba incluso hacer una ficha con cada personaje, sobre todo en las novelas largas, al estilo de los juegos de rol. Aunque esto puede tener su utilidad, sobre todo para cubrir fallos de la memoria —para mí los colores de ojos son particularmente traidores— podemos caer en el error señalado en el primer punto: el de encasquetar al personaje en el sitio que queremos, dándole solo las dimensiones que creemos que necesita.

Cuando se crea un personaje, desengañémonos, este necesita todas sus dimensiones, por lo que yo recomiendo otro ejercicio: visualizar el personaje, jugar con él en nuestra cabeza, hasta que podamos responder cualquier pregunta sobre él tal y como podríamos hacerlo sobre un conocido. Así, sabremos cuáles serán sus reacciones en la trama sin necesidad de diseccionarlo.

4. La identidad del personaje: Evidentemente, un personaje debe poder ser identificado dentro de la historia. Algunos, incluso, deben dejar marca. Es por ello que debemos saber cuáles son los elementos que lo hacen identificable. Un buen primer ejercicio puede ser adjudicar arquetipos, pero hay que andarse con ojo para que el resultado no se antoje acartonado. Caracterizar termina por ser un arte sutil, pero muy necesario, sobre todo cuando abundan los personajes cortados por el mismo patrón, como en nuestros días. ¿Alguna vez no lo han hecho?

5. La originalidad del personaje: Ojo con esto: lo que hace fuerte y memorable a un personaje no es su extravagancia, sino su consistencia. Una obra no va a mejorar gracias a que sus personajes sean extraordinarios, sino por lo palpables que resulten al lector. Conviene no obcecarse en llamar la atención; a veces es incluso contraproducente porque pone de manifiesto las fisuras del personaje. Hay que tener en cuenta que un personaje estrafalario enciende las alarmas del lector, quien se prepara a esperar cualquier cosa del mismo. Bueno, en realidad no cualquier cosa, y ahí es donde reside el problema.

En definitiva, que cada personaje creado tenga que ser único no quiere decir que tengan que salirse de cada norma.

6. El hábitat: Un personaje está en relación con lo que ocurre y con el lugar donde ocurre. Si no existe una interacción entre estos elementos —y lo que ocurre puede ser el simple paso del tiempo—, al final el personaje resultará de cartón piedra, algo inerte y ajeno al libro. Un personaje no es frío como el hielo: resulta frío como el hielo por cómo reacciona frente a lo que ocurre.

Hay autores que sugieren, incluso, que el narrador debería de abstenerse a la hora de hacer apreciaciones sobre los personajes, que las acciones —y diálogos— de estos deberían darnos la clave de cómo son. Sin duda, optar por esta estrategia ya evita, por lo menos, que haya discrepancias entre lo que dice el autor del carácter del personaje y lo que percibe el propio lector.

7. El espacio: Finalmente, un personaje bien construido en la cabeza del autor no es necesariamente un buen personaje. Para que se dé esta igualdad es necesario que el autor plasme de un modo adecuado lo que tenía en la cabeza. No hay recetas para ello, pero sí una certeza: el personaje solo puede estar presente en la obra a través de lo que se cuenta de él, sea a través del narrador, de sus diálogos o de los diálogos de otros personajes. Estas tres vías no tienen el mismo valor, pero son las únicas de las que disponemos —de estas y, estrictamente, de los silencios en estas—.

Es importante, por lo tanto, que el autor no pierda de vista el espacio que está dando al personaje y, sobre todo, que no lo malgaste. Las reiteraciones no apuntalan el retrato del personaje, sino todo lo contrario: dan la impresión de ser justificaciones a las que se recurre por no confiar en que se esté mostrando su auténtica identidad.

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weiss
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Poblador desde: 26/01/2009
Puntos: 958

Vaya, qué interesante y didáctico artículo. Estoy aplicando estos siete criterios a modo retrospectivo sobre algunos de mis personajes y... bueno, no sé, creo el ejercicio me confirma que soy bastante descuidado al construirlos. No hago fichas, simplemente sigo un retrato mental y alguna que otra clave arquetípica (este tipo tiene como motivación la venganza, éste otro el honor, aquél la envidia...). En fin, un modo bastante intuitivo de diseñarlos, y al final me da que no me quedan muy profundos. Yo es que soy más de "trama" que de "psicología", y va, en los relatos tiene un pase, pero para los textos más extensos tendré que hacérmelo mirar Angus

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Bestia insana
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weiss dijo:

Vaya, qué interesante y didáctico artículo. Estoy aplicando estos siete criterios a modo retrospectivo sobre algunos de mis personajes y... bueno, no sé, creo el ejercicio me confirma que soy bastante descuidado al construirlos. No hago fichas, simplemente sigo un retrato mental y alguna que otra clave arquetípica (este tipo tiene como motivación la venganza, éste otro el honor, aquél la envidia...). En fin, un modo bastante intuitivo de diseñarlos, y al final me da que no me quedan muy profundos. Yo es que soy más de "trama" que de "psicología", y va, en los relatos tiene un pase, pero para los textos más extensos tendré que hacérmelo mirar Angus

Será por eso que sólo escribo cuentos, y cada vez más cortos; de todos modos, cuando necesito un personaje, no me molesto en construirlo, lo tomo tranquilamente de mi alrededor, y lo meto en una historia alucinante

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Patapalo
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Poblador desde: 25/01/2009
Puntos: 196415

Bestia insana dijo:

weiss dijo:

Vaya, qué interesante y didáctico artículo. Estoy aplicando estos siete criterios a modo retrospectivo sobre algunos de mis personajes y... bueno, no sé, creo el ejercicio me confirma que soy bastante descuidado al construirlos. No hago fichas, simplemente sigo un retrato mental y alguna que otra clave arquetípica (este tipo tiene como motivación la venganza, éste otro el honor, aquél la envidia...). En fin, un modo bastante intuitivo de diseñarlos, y al final me da que no me quedan muy profundos. Yo es que soy más de "trama" que de "psicología", y va, en los relatos tiene un pase, pero para los textos más extensos tendré que hacérmelo mirar Angus

Será por eso que sólo escribo cuentos, y cada vez más cortos; de todos modos, cuando necesito un personaje, no me molesto en construirlo, lo tomo tranquilamente de mi alrededor, y lo meto en una historia alucinante

En realidad, tampoco es un mal método el tomar los personajes de nuestro propio entorno y meterlos en las historias, siempre y cuando hayamos sido capaces de comprender bien esos "personajes" de nuestro entorno.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Daniel Leuzzi
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Poblador desde: 21/06/2011
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Muy buen articulo, siempre hay cosas para aprender y que no vemos.

felicitaciones.

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Bestia insana
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Poblador desde: 02/05/2013
Puntos: 1925

El artículo está muy bien, no se le puede poner ninguna pega, bueno, al fondo tal vez sí. Cuando todo el mundo está de acuerdo…, no sé, hace que me remueva incómodo. Para variar, querría defender la postura contraria, abogar por los personajes planos, bidimensionales, sin la menor profundidad, como yo mismo: gran superficie. La pretendida “profundidad psicológica” del personaje suele ser la excusa para soltarte un rollo de impresión. No quiero que me expliquen sus razones, que para eso ya estoy yo, lector. El aspecto físico del personaje no me interesa, su biografía me importa poco. Así que personajes sin identidad, sin pasado y hasta sin nombre, basta una inicial.

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Patapalo
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Poblador desde: 25/01/2009
Puntos: 196415

Bestia insana dijo:

El artículo está muy bien, no se le puede poner ninguna pega, bueno, al fondo tal vez sí. Cuando todo el mundo está de acuerdo…, no sé, hace que me remueva incómodo. Para variar, querría defender la postura contraria, abogar por los personajes planos, bidimensionales, sin la menor profundidad, como yo mismo: gran superficie. La pretendida “profundidad psicológica” del personaje suele ser la excusa para soltarte un rollo de impresión. No quiero que me expliquen sus razones, que para eso ya estoy yo, lector. El aspecto físico del personaje no me interesa, su biografía me importa poco. Así que personajes sin identidad, sin pasado y hasta sin nombre, basta una inicial.

Risa cachonda Que un personaje esté bien construido no quiere decir que se le tenga que dar excesivo protagonismo. Sobre la excusa... pues sí, por eso señalo que hay que diferenciar entre el personaje y el autor. Hay ocasiones en las que, en efecto, se genera una impresión de púlpito que no le va nada bien a la narración en su conjunto.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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