Mil alaridos más

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Reseña de la segunda novela de José Miguel Vilar-Bou: Alarido de Dios

 

José Miguel Vilar-Bou sigue siendo el autor más creativo del fandom, y tal vez el único que narra historias únicas empleando una voz propia e inconfundible. Su segunda novela, «Alarido de Dios» (Equipo Sirius, 2009), vuelve a instalarse en la barbarie y en la atrocidad hasta extremos que no se suelen despachar fácilmente: contiene innumerables homicidios, un magnicidio, un fratricidio, varios infanticidios, un deicidio, múltiples genocidios y diversos actos de suicidio. Nos encontramos ante una aventura que expende violencia administrándola mejor que ningún cajero automático, y lo cierto es que la sensibilidad con la que se sirve toda esa crueldad continúa produciéndome asombro, porque las historias de amor paralelas a la trama principal son de un emotivo que no suele conseguirse ni en las novelas más rosas; y eso que en el lote de sentimientos que se han embutido en este libro se incluyen embarazos trágicos, espantosos adulterios, relaciones platónicas y separaciones insoportables. Aquí hay de todo, oigan. No se explica cómo es que, a carta cabal, no sobra ni un puto párrafo. Y no se entiende cómo hace el autor para embutir en un mismo discurso único cosas que parecen salidas de Borges, de Almodóvar, de Tolkien, de Joaquín Sabina y de Terry Pratchett.

 

La historia es, en realidad, una gesta épica: un imperio agonizante y subnormal envía dos emisarios a un pueblo vecino en busca de auxilio. Lo que tendrán que hacer los campeones, que son como la noche y el día, será traer una reliquia y, ya puestos, forjar una alianza que podría decidir la guerra. Así la historia queda seccionada en dos tramos de casi doscientas páginas: un largo viaje y su posterior resultado. La primera parte gusta y entretiene, mientras que la segunda resulta magnífica, imprevisible y tan brillante como que ya no deja de acelerarse hasta el final, tan terrible. Vamos, que el libro va en crescendo, gana interés a cada frase y no deja de transgredir y de conmover en ningún momento. Lo considero un trabajo casi imprescindible, y digo casi porque también tengo que reseñar algo que no me ha gustado.

 

Lo que no me ha gustado es que, de tan original que se pretende, el autor no consiga escapar de sí mismo, por lo que nos vuelve a situar en un contexto muy semejante al que escenifica su anterior trabajo, «Los Navegantes» (Ajec, 2007): de nuevo nos encontramos con civilizaciones inmersas en un conflicto bélico balcanizado, de nuevo el eje sobre el que gira la novela es una ciudad capital a punto de sucumbir a un intenso asedio, de nuevo los personajes son antihéroes y políticamente incorrectos… Lo que sí parece haber cambiado es el plano sexual, que ahora se hace más de querer y comienza a dejar de lado lo chabacano para volverse mucho más emocional. No obstante, y ahora ya estoy hablando con toda mi habitual mala leche, no se explica cómo es que un autor tan explícito, obsceno y provocador como Vilar-Bou no se ha atrevido a escribir la escena de sexo homosexual. Tampoco se han aprovechado bien muchas de las posibilidades fantásticas de la narración, que mantiene casi siempre los pies sobre el suelo firme.

 

En cualquier caso, esta novela no dejará a nadie indiferente. Es de una intensidad afectiva y al tiempo de una frialdad emocional que no podrían ir juntas de la mano si no fuera un poeta loco el que va al volante. Es otro libro inolvidable, que no se vuelva a repetir.

Emilio Bueso

 

Autor

 

José Miguel Vilar Bou nació en Valencia en 1979. Comenzó su carrera en periódicos y radios. Desde la universidad casó la literatura con el periodismo y alternó sus colaboraciones en revistas de creación con sucesos, tribunales y reportajes sociales. En septiembre de 2004 apareció en la revista Galaxia el primer cuento publicado del autor: Vidas de piedra, relato que tuvo su continuación en El dios reflejado en el espejo (Visiones 2006).

 

En 2004 viajó a Serbia donde cooperó durante ocho meses en centros colectivos de refugiados de guerra. Sus experiencias fueron recogidas en una serie de reportajes sobre la posguerra en los Balcanes. Escribió el grueso de Los navegantes, su primera novela, durante este periodo. Posteriormente trabajó como periodista en Bruselas. En este tiempo, el suplemento de tendencias EP3 de El País publicó su cuento Me dijo el Diablo. Alarido de Dios es su segunda novela publicada. 

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linton
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A mí me encantó Los navegantes, una estupenda novela épica, brutal e irreverente. No sabía que había publicado ya esta novela, a ver si puedo hacerme con ella, aunque básicamente parece ser que sigue el mismo esquema. A mí mientras siga intacto su estilo, de momento no me importa que se repita en parte

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