El pequeño Nicolás

Imagen de Patapalo

Reseña de esta recopilación de relatos ilustrados de Goscinny y Sempé reeditada por Alfaguara Infantil

Goscinny, sin duda, es más conocido en nuestro país por Astérix, la obra maestra del cómic que confeccionara con Uderzo. Menos conocida es su vertiente como escritor de relatos, infantiles, para más INRI, pero está claro que, aquél que lee El pequeño Nicolás, no lo olvida. Yo lo hice por primera vez, como muchos otros, supongo, en clase francés. Ahora he tenido el privilegio de releer el primer número de la serie aprovechando la reedición realizada por Alfaguara Infantil con motivo de la publicación del último número de ésta.

 

Lo primero que llama la atención de este libro es lo rápido que se establece el “quién es quién” de los personajes. Goscinny tiene esa habilidad de algunos escritores de dar cuerpo a los protagonistas -y secundarios- de sus historias con un par de pinceladas. En El pequeño Nicolás nos encontramos rápidamente con el reparto completo de la clase establecido (de la escuela, incluso), y la complicidad con las historias es total a partir del segundo relato.

 

Por supuesto, los dibujos de Sempé acompañan al texto, y le dan una estética que ya resulta inseparable, pero creo que la magia de esta complicidad está en la escritura. Los giros lingüísticos que retratan a la perfección el modo de pensar y racionalizar infantiles están muy conseguidos, hasta tal punto que uno cree reconocerse en esos niños terribles -bueno, no tanto; sólo traviesos- que aparecen en sus páginas. Por este lado, cabe felicitar a Alfaguara (y a Miguel Azaola en concreto), porque la traducción de semejante prosa no es tarea sencilla sin perder el espíritu de la misma y adecuándolo a nuestra cultura.

 

Pero ¿qué es lo que hace de El pequeño Nicolás una lectura tan cautivadora? Por un lado está el lado nostálgico de transportarse a nuestros tiempos escolares, a esa lógica de “estuvimos pegándonos – nos lo pasamos genial”, al sentido primario de la amistad que se vive en las primeras correrías... Y por otro, redescubrir este mismo fenómeno pero ya visto desde el otro lado, porque ésa es la genialidad de El pequeño Nicolás que luego reencontramos en, por ejemplo, El pequeño Spirou, que el narrador es un niño y con modos de niño, pero a través de sus ojos se retrata también el mundo “adulto”, en el que acabamos terminando todos.

 

Este modo de plantear las historias tan fresco, que permite un retrato social ligero a la vez que humorístico, ha creado un escuela propia, y sólo por eso merecería echar un vistazo a los orígenes. Pero es que, además, las historias de El pequeño Nicolás han envejecido formidablemente, y aunque nuestros colegios no parezcan tener, a priori, mucho que ver con los que retratan Goscinny y Sempé, terminamos dándonos cuenta de que son lo mismo. O quizás lo que sigue siendo lo mismo son los niños, aunque ya no seamos uno de ellos -¿o sí?-.

 

Autores

 

René Goscinny nació en París, Francia, en 1926. De adolescente estudió en un colegio francés en Buenos Aires y luego trabajó en Nueva York en una editorial de libros infantiles. Aunque tuvo muchas profesiones, la que le dio la fama fue la de guionista de cómics. Trabajando con diferentes dibujantes, logró inmortalizar a personajes tan entrañables como Astérix y Obélix y Lucky Luke. Los cinco libros de la serie El pequeño Nicolás, ilustrados genialmente por Sempé, son una buena muestra de su ingenio y comicidad. Murió en París a los 51 años de edad.

 

Jean-Jacques Sempé (Burdeos, 1932) Dibujante de humor francés. A través de sus pequeños personajes, siempre envueltos en un entorno que les supera, pero tratados con ternura, Sempé elabora una crítica lúcida y constante de la sociedad. Destacan entre sus álbumes El pequeño Nicolás (junto con Goscinny, 1960), Nada es sencillo (1962), Todo se complica (1962), La ascensión del señor Lambert (1974) y De madrugada (1983).

 

Sinopsis

 

Primer recopilatorio de la serie de El pequeño Nicolás, el máximo exponente de las historias infantiles con segunda lectura para adultos que triunfó marcando un estilo propio.

 

Edición

 

El pequeño Nicolás

Goscinny / Sempé

Alfaguara Infantil, 2007

 

Una edición muy cuidada con las ilustraciones originales. En algún momento da la impresión de que están desordenadas dentro del capítulo, pero cabe suponer que respetan la disposición original ideada por los autores.

 

Conclusiones

 

Merece la pena descubrir a “El pequeño Nicolás”. La edición de Alfaguara cubre de sobra su espíritu para los que no tengan acceso al francés original, así que uno puede lanzarse a ello sin miedo. Resulta una lectura ligera, pero al mismo tiempo aguda e implacable, y su sentido del humor es cautivador. No en vano, ha creado escuela.

 

Si ya se conoce la serie, sobra comentar nada más. Aquí están los primeros relatos, lo que se abrieron camino a través de pequeñas publicaciones hasta llegar al éxito internacional que son ahora. Sin duda, una buena elección que se haya incluído un prólogo de Jean-Jacques Sempé.

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