Nacimientos

Imagen de Victor Mancha

Carlos examinó con detenimiento el vecindario que se extendía ante sus ojos.

Era el típico barrio de clase media, con adosados a ambos lados de la calle, pequeños jardines delanteros y travesías por donde los coches circulaban con precaución para que los niños pudieran jugar sin el peligro de ser atropellados por accidente al salir corriendo detrás de algún balón fugitivo. Un sitio alejado del bullicio donde poder criar a tus hijos sin muchos de los peligros de la llamada sociedad moderna.

Era primera hora de la tarde de un caluroso día de verano y la calle estaba desierta. Se dirigió hacia la dirección que tenía apuntada en un trozo de papel, el número 18 de la calle Comedia. Un nombre irónico, teniendo en cuenta lo que estaba teniendo lugar en aquella casa. Desde fuera parecía una residencia tan normal como cualquier otra. Las paredes y la puerta principal pintadas de un blanco deslumbrante. Pequeñas plantas en la entrada daban un toque de color al lugar. Había algunos juguetes tirados en el suelo, pero por lo demás todo parecía ordenado y limpio.

Carlos se cercioró de que llevaba encima su cuaderno de notas y su bolígrafo y se dispuso a llamar a la puerta.

Enseguida le abrió una mujer. Si sus cálculos eran correctos, era Laura Beltrán, la dueña de la casa. Era una mujer todavía joven, que andaría rondando la treintena. Tenía el pelo rubio, los ojos marrones y la mirada dulce pero algo triste y apagada.

—¿Sí? —dijo ella.

—Buenas tardes; Laura, imagino. Soy Carlos…

—¡Ah, sí! Te estaba esperando… Puedo tutearte, ¿verdad?

—Claro, al final todos acabáis haciéndolo —dijo Carlos sonriendo.

Ella le devolvió la sonrisa.

—A decir verdad, llevo días esperando tu visita. Parece que te gusta hacerte de rogar —dijo Laura con un ligero tono de reproche en su voz.

—¡Oh, no! No es eso. Es que he estado bastante liado. Estoy trabajando en varios artículos para el periódico y ultimando los detalles de una novela.

—Ya veo —dijo ella, esbozando una leve sonrisa—. Me alegro de que hayas podido sacar tiempo para escuchar mi historia —de repente se puso seria—, aunque no sea demasiado agradable… ¿Pero dónde están mis modales? Debes estar muerto de calor. ¿Puedo ofrecerte algo de beber?

—No, gracias. Estoy bien —dijo Carlos—. No te preocupes.

—Muy bien. Acompáñame hasta el salón si te parece y hablamos allí.

Carlos la siguió, aprovechando para echar un vistazo a su alrededor. La casa era grande y estaba bien cuidada. Muebles buenos aunque no demasiado caros, y una decoración sencilla, sin grandes alardes, pero elegante. Reinaba un silencio ligeramente desconcertante.

—¿Estás sola?

—Sí, mi marido se ha llevado a… —hubo un incomodo silencio.

—¿Isaac?

—…a Isaac a jugar al parque. —De repente parecía algo nerviosa. Se sentó en el sofá y le indicó con gesto cortés que se sentará enfrente. Carlos hizo una nota mental: “Demasiado elegante. Habrá que cambiarlo si quiero que la gente conecte con ella. Quizás intentar venderla como más cercana…”

—Como te iba diciendo, Luis e Isaac están en el parque. Tenemos un rato para hablar antes de que vuelvan.

—Muy bien. Veamos —dijo Carlos, examinando de nuevo sus notas—. Vamos a hacer un pequeño resumen de la situación: La idea es que crees que tu hijo Isaac ha sido poseído por el demonio.

—Así es —dijo ella con gesto preocupado.

—Y los motivos que te llevan a pensar eso son…

—Hay varios. Todo empezó hace unas… ¿semanas? ¿meses?

—Vamos a dejarlo en semanas.

—… hace unas semanas, pues. Isaac fue a una excursión con el colegio. Estuvieron visitando “La cueva de las brujas”, una antigua gruta natural en un pequeño paraje de la sierra, que han reconvertido para visitas turísticas…

Carlos asintió, indicándole que continuara.

—No me enteré en su momento, pero unos días después me acerqué a hablar con su profesora porque mi hijo empezó a comportarse de manera extraña. La maestra me confesó que Isaac estuvo perdido dentro de la cueva durante casi una hora… No me quiso decir nada en su momento por miedo a que le pudiera poner una denuncia al colegio.

—Vale, me gusta. Podemos sacar algo de ahí. Digamos que le pasó algo en la cueva, que fue atacado por… “algo”. Algo antiguo, primigenio, que aprovechó la oportunidad para salir al mundo exterior.

Laura asintió:

—He pensado que, preocupada por lo que está ocurriendo, podría investigar sobre el tema y descubrir que en esa cueva se llevaban a cabo aquelarres de adoración al diablo en siglos pasados.

—Me gusta, pero ahora, volviendo a Isaac, esos cambios que mencionas en el chico…

—Cambios de humor. Los animales le rehuyen. Cuando te mira parece que te lea la mente y hace que se te congele la sangre… Eso es lo primero que me viene a la cabeza. Tendrás que hacer un poco de trabajo de investigación en el tema de las posesiones para intentar encontrar otros síntomas que encajen.

Carlos coincidió con ella:

—Sí. Si queremos que resulte creíble habrá que documentarse. El público no es tan crédulo como antaño. Ahora tenemos que demostrar que Isaac es realmente una amenaza, que hay algo que no va bien dentro de él. Eso significa víctimas.

—Muy bien.

—Estoy pensando en algún vecino…

—Doña Rosa, la vecina del número 16, es ya mayor y vive sola. Podríamos eliminarla la primera y hacer que parezca un infarto. Tiene un caniche. Podríamos acabar también con él.

—Sí, eso estaría bien —Carlos se quedó pensativo—. La siguiente sería la canguro. Una noche tú y tu marido decidiréis salir al cenar y después al cine para celebrar el aniversario. Dejareis a Isaac con una canguro. Una chica joven. Cuando volváis la encontraréis muerta en el cuarto de baño.

—¿Resultará creíble?

—No te preocupes: yo me encargaré de que sea así. De todas formas se trata de ir sembrando la duda. Por supuesto, esto nos lleva a tu marido...

—¿Qué pasa con él?

—Debería ser la última víctima. Para ese entonces tú ya habrás averiguado lo que está pasando realmente y conseguirás ayuda… quizá un viejo sacerdote, habrá que estudiarlo, pero sea como sea no llegarás a tiempo para salvar a tu marido.

Laura asintió con gesto serio.

—Sí, tiene sentido —se quedó pensativa un instante—. ¿Qué será de Isaac?

—Aún no lo he decidido. No sé si acabar también con él o conseguir de alguna manera que no recuerde nada de lo sucedido durante su posesión. De todas formas, no te preocupes. Tu marido tiene un seguro de vida. Pase lo que pase, estarás cubierta. Tendrás un final feliz.

—Bueno… relativamente feliz. Con un marido muerto y un hijo que todavía no sabemos cómo va a terminar…

—Ya, mujer, tampoco queremos hacer un “happy ending” demasiado obvio, ¿no? Ahora se lleva lo duro y oscuro.

—Supongo que tienes razón —convino ella—. Después de todo, tú eres el que manda.

—Sí, eso decís todos al principio, y luego hacéis lo que os da la gana —dijo Carlos suspirando, con un ligero tono de reproche en la voz, mientras se levantaba del sofá—. Bueno, creo que tengo ya material suficiente para empezar a trabajar.

Clara lo acompañó hasta la puerta. Mientras volvían a recorrer la estancia Carlos dijo:

—Tengo que acordarme de explicar cómo, antes del cambio de Isaac, la casa estaba más llena de vida, con juguetes y trastos por medio. Y tienes que cambiar la actitud. Si queremos que la gente conecte contigo, habrá que hacerte menos elegante, algo más cercana. Y quizás cambiarte el color del pelo… castaño claro quizá, mejor que rubio.

—¿Qué hay del nombre?

Carlos se quedó pensativo un instante:

—Lo mantendremos. Me gusta Laura… Bueno, Laura, ha sido un placer esta primera toma de contacto. Volveremos a vernos pronto.

—Eso espero. Así como que le hagas justicia a la historia.

—Lo intentaré —dijo Carlos saludándola con la mano mientras Laura cerraba la puerta de la casa.

Empezó a alejarse, satisfecho consigo mismo. Había potencial en la… de repente una nueva idea le asaltó:

“Origen extraterrestre.”

Se le podría dar un nuevo enfoque y convertirlo en una especie de híbrido entre el terror y la ciencia-ficción.

Las posibilidades estaban ahí: Laura podría haber sido abducida nueve años atrás y haberse quedado embarazada. O quizás unos alienígenas habían abducido a Isaac…, no, mejor a Daniel, y habían enviado a un sustituto en su lugar. O quizás…

 

En ese momento llamaron a la puerta.

—Carlos, cariño, perdona que te moleste. Pero voy a salir. Me acaba de llamar Natalia para que la acompañe a buscar un regalo para el cumpleaños de Isidro.

Carlos soltó la libreta sobre la mesa de su escritorio y se dio la vuelta.

—Está bien, Isa. No te preocupes. ¿Sigue en pie lo de ir al cine esta noche?

—Sí, intentaré estar aquí antes de las nueve, aunque ya sabes cómo se enrolla Natalia —dijo Isa a modo de disculpa. Se acercó hasta Carlos y le puso las manos sobre los hombros—. ¿Cómo llevas la idea del relato para el concurso?

—Pues estaba prácticamente terminada, pero…

—Lo de siempre, ¿no? —dijo ella sonriendo—. Se te acaba de ocurrir otra idea.

—Así es —dijo Carlos encogiéndose de hombros.

—En fin. No te quedes escribiendo hasta el último minuto. Que ya nos conocemos.

—No lo haré.

—Siempre dices lo mismo y al final haces lo que te da la gana. ¿Quién me mandaría casarme con un escritor? —dijo pegándole un pequeño pescozón en la cabeza.

—No hablarás así cuando te saque de pobre.

—Sigue soñando —dijo ella riendo mientras salía.

Carlos sonrió. Volvió la vista a su cuaderno de notas. Garabateó un par de apuntes más y, tras unos momentos, empezó a escribir.

Una nueva historia luchaba por salir al mundo.

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Patapalo
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Poblador desde: 25/01/2009
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Una idea muy simpática, y bien llevado el relato. Me preguntaba por dónde ibas a salir (estaba pensando en un reality show o en gente que encarga novelar sus vidas sobre la marcha), y creo que los has resuelto bien. Un placer leerte.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Raelana
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xDDDDDDDDDD Estupendo relato. Me iba horrorizando por momentos, mientras veia a los personajes planeando con tanta frialdada la muerte de tanta gente y me preguntaba ¿pero para qué? ¿qué van a conseguir con todo esto? El final resulta fresco y sorprendente. Me ha encantado la historia.

Mi blog: http://escritoenagua.blogspot.com/

Perséfone, novela online por entregas: http://universoca

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Léolo
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Intuía que al final ibas a salirte por la tangente y hablar de un verdadero nacimiento: el parto de una idea para un cuento. Será porque me encantan los relatos metalinguísticos. Me ha parecido muy tuyo, una narración muy bien llevada, entretenida, y con giro final marca de la casa.

Y con niño problemático, jeje.

Un saludo!

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Nachob
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Un agradable guiño que nos gustara especialmente a quienes compartimos contigo el gusto por la escritura. Bien llevado en forma y ritmo, muy agradable de leer y con buen sabor de boca. Lo único que no me ha dejado convencido es la historia secundaria, el relato que sirve de excusa para la auténtica trama. Es demasiado simple, hubiera quedado redondo si incluso ese detalle hubiera brillado como el resto. Pero vamos, es un simple matiz que no condiciona que se trate de un gran relato.

Enhorabuena.

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solharis
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Pues a mí no me ha convencido tanto el giro final. Tiene que haber opiniones para todo y yo hubiera preferido que el diablo siguiera adelante. Pero es bueno el relato en cualquier caso.

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PedroEscudero
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No soy muy amigo de estos juegos meta-literarios, pero he de reconcer que este tiene su aquel. Cuando empezó con los  "me gusta", me descolocó bastante (creí que me había saltado algo), pero según avanzame me fui haciendo cargo y fui entrando en situación. En conjunto me ha dejado un buen sabor de boca.

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Oski
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He de reconocer que estaba un poco descolocado en un principio, durante la entrevista y todo lo que iban maquinando los protagonistas. No me esperaba el giro final y he de decir que me ha hecho sonreír.

Parece mentira pero a veces la cabeza de un "escritor" funciona así, imaginando las cosas más inverosímiles y retorcidas del mundo...

El caso es que me ha picado el gusanillo por como sería realmente esa historia que maquinaba y las consecuencias que habría traído llevar a cabo todas las acciones relatadas...

Buen relato

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