El ingeniero que ponía comas

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Aquéllos que hayan ido leyendo mis artículos se estarán diciendo “ahí va otra vez a despotricar el calavera metiéndose donde no le llaman”, y no les faltará razón, pero creo que, a pesar de todo, sigue siendo necesario hacerlo.

Más que nada por lo que decíamos en el artículo Horrores ortográficos: el idioma lo mantenemos entre todos, y en nuestra mano está que degenere o se dignifique. Así que, teniendo en mente lo que dice el refrán de los peces y los culos, nos arremangamos y nos lanzamos de nuevo al ruedo.

 

Poner comas no es un acto estético, sino ingenieril.

 

Las definiciones vagas dan lugar a vaguedades, qué duda cabe, y éste iba a ser uno de mis caballos de batalla hasta que, aplicándome el cuento, me he dado una vuelta por el diccionario internáutico que nos brinda la R.A.E. y he encontrado lo siguiente:

 

coma2. Signo de puntuación (,) que indica normalmente la existencia de una pausa breve dentro de un enunciado. Se escribe pegada a la palabra o el signo que la precede y separada por un espacio de la palabra o el signo que la sigue. No siempre su presencia responde a la necesidad de realizar una pausa en la lectura y, viceversa, existen en la lectura pausas breves que no deben marcarse gráficamente mediante comas. Aunque en algunos casos el usar la coma en un determinado lugar del enunciado puede depender del gusto o de la intención de quien escribe, existen comas de presencia obligatoria en un escrito para que este pueda ser correctamente leído e interpretado. A continuación se exponen los usos normativos de la coma.

 

Para el que lo quiera leer de primera mano, buscon.rae.es y el Diccionario Panhispánico de Dudas.

 

Los subrayados en la definición son, como cabía esperar, míos, y creo que resumen muy bien lo que me subleva cuando te dicen aquello de “quítale algunas comas, que quedará mejor”. También creo que expresan muy bien el porqué de decir que poner comas es un acto ingenieril.

 

La lengua es un código, y el castellano, uno francamente complejo, y es por ello que es mejor no meterse en arenas movedizas. Quitar o poner comas para modificar el ritmo de un texto es una barbaridad semejante a poner tildes para representar el énfasis de la pronunciación (ya sabéis, como el chiste que dice que Zaragoza es la única palabra que se acentúa en todas las sílabas). Si el texto no tiene ritmo, lo mejor es reformularlo, darle la vuelta a las frases y construirlo de nuevo, porque los efectos especiales son cosa de las películas, no de la lengua escrita.

 

En la propia página de la R.A.E. se incluyen unos cuantos ejemplos que dejan bien claro cómo las comas modifican el sentido de las frases, y no su ritmo. Por ejemplo, no es lo mismo decir “Sobre el tema de las comas, que, todo sea dicho, nos trae de cabeza, se oyen muchas tonterías.” que “Sobre el tema de las comas, que todo sea dicho, nos trae de cabeza, se oyen muchas tonterías.” pues en la segunda oración estamos incluyendo un imperativo que cambia radicalmente el conjunto, exhortando al lector al activismo y la confesión, y estamos rompiendo las acotaciones, y por lo tanto transformando comentarios en nuevos elementos de la frase tan importantes como los demás.

 

El problema es que estas cosas nos atemorizan, como si la gramática fuera algo reservado a los eruditos y no una herramienta popular y cotidiana que se utiliza día a día valiéndose únicamente de dos cosas: sentido común y práctica. Así, por ejemplo, muchas veces creemos que los vocativos son cosa de los romanos, cuando están a la orden del día (Véase “Pepe, abre la puerta”, que no es lo mismo que “Pepe abre la puerta”). Y el problema es doble, porque no serán los eruditos, míticos, los que consigan que el idioma se mantenga en forma, sino nosotros, ciudadanos de a pie, con nuestros usos cotidianos.

 

La parte positiva es que no hay que cursar unos complicadísimos estudios lingüísticos para despejar las cuatro dudas que nos surgirán en el uso normal de la lengua, sino simplemente leerse un texto que es de la misma magnitud que este artículo (cuya lectura, dicho sea de paso, no sé cuántos conseguiréis terminar). Es más, ya que estoy enfundado en la osadía de ponerme a dar lecciones sin formación que me avale, me voy a permitir lanzar una regla que a mí, por lo menos, me ha orientado con notable acierto -a juzgar por lo que dice la R.A.E.-, condensándolo todo en dos líneas:

 

Las comas no marcan pausas, sino separaciones lógicas de elementos de la frase que ponen de manifiesto una jerarquía semántica.

 

Es decir, que delatan un vocativo, o acotan como guiones o paréntesis una aclaración o un comentario, o separan en una enumeración elementos de la misma categoría, o señalan, finalmente, una inversión de la posición natural de un complemento del verbo.

 

Como puede verse, son cuatro casos, no más, y tenerlos en cuenta facilita enormemente la lectura a aquéllos que no hayan podido echar un vistazo al texto cuando estaba en nuestra mente. Es decir, a todos menos a nosotros mismos. Creo que merece la pena perder los diez minutos que nos costará hacer el repaso. Animaos a echarle un ojo: buscon.rae.es

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nieves
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Olé por el texto, con comas bien puestas!, la olvidadiza apoya cualquier esfuerzo dirigido a que nos molestemos un poquito en escribir mejor. Es una auténtica pena ver como van avanzando en cualquier texto las barbaridades, no sólo de los signos de puntuación, sino de ortografía, tiempos verbales, etc.,  impensables hace muy poco en personas de poca formación.

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Raelana
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Un artículo estupendo, la verdad es que hay muchos textos que resultan confusos sólo porque los signos de puntuación están mal colocados y que mejoran mucho sólo con dedicarle un poco de tiempo a ponerlos correctamente.

Mi blog: http://escritoenagua.blogspot.com/

Perséfone, novela online por entregas: http://universoca

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LCS
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Una columna muy interesante.

Muchas de las carencias que tenemos en la escritura provienen de que nunca nos enseñaron a puntuar. Por lo menos, a mí.

 

Soy consciente de que a veces puntúo mal, pero intento ir aprendiendo.

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emporion218
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Comparto tus opiniones, Patapalo.

Hace tiempo leí un truco casero para saber si un manuscrito ya está terminado: cuando lleves varias horas quitando y añadiendo comas (por aquello de que, a menudo, dependen del gusto de cada autor).  

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weiss
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Plenamente contigo, capitán Patapalo. Que yo recuerde no se le prestaba mucha atención a los signos de puntuación en la escuela ni el instituto, de manera que no es raro ver espantosas carencias en este campo en personas que, por lo demás, poseen un más que respetable dominio del idioma. El ejemplo del vocativo es muy bueno, sorprende la cantidad de gente bien formada que desconoce esa sencilla norma. También es relativamente común la que yo llamaría la más tonta de las comas, que es ésa que aparece justo detrás del sujeto de una oración: "Pepe, abrió la puerta". Desconozco el mecanismo mental que puede conducir a alguien a ubicar una coma en tan impertinente posición, pero bien sabes que no es raro topárselas de esa guisa. Por lo demás, tu regla en dos líneas es muy acertada, aunque me temo que si le pides a cien personas escogidas al azar que identifiquen los elementos semánticos de una oración calquiera, la gran mayoría se haría la picha un lío y se vería incapaz. Es más fácil de lo que parece, todos, hasta el más torpe, sabe -aunque sea de forma inconsciente- qué papel juega cada elemento en una oración, pero bien por dejadez, bien por confusión o por ignorancia (no ya de las normas, sino de la existencia misma de normas), muchos olvidarían poner en práctica tan útil criterio. Piensa en esos atroces "haber" que brotan como setas tras la lluvia por los foros internáuticos. Para la mayoría de los que pululamos por aquí resulta inconcebible confundir "haber" con "a ver", y también lo sería para cualquiera que dedicase siquiera un fugaz instante a pensar qué significa exactamente lo que acaba de escribir. Pero no sé, amigo, cosas como ésa y aún peores proliferan cada vez más con su gallarda insolencia. No quiero ponerme catastrofista, pero los datos sobre el nivel de la educación en España en los últimos años no arrojan señales para el optimismo.

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Léolo
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Un texto maravilloso y necesario, Patapalo. No puedo estar más de acuerdo en lo que dices: poner comas no es un asunto estético, sino de ingeniería. Conozco decenas de personas que piensan justo lo contrario.

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