El último poema

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Dicen que el samurái quedó preso en el remordimiento cuando su señor fue asesinado. Al parecer, iban el señor y sus guerreros hacia un bosquecillo de caza cercano, cuando les atacaron los sicarios de un clan rival. El señor murió alcanzado por una flecha y sus soldados no pudieron defenderle. Los sicarios desaparecieron como la niebla cuando sale el sol.

Llevaron el cuerpo de su difunto señor de vuelta al castillo y, una vez allí, les cayó encima todo el peso del deshonor. El deber incumplido los hacía indignos del seguir el camino del guerrero. Les habían educado así. No cabía la deshonra en la vida de un samurái.

 

Así pues, cuentan que se reunieron todos, con sus allegados respectivos, para realizar el noble acto del seppuku, el suicidio ritual que limpiaría toda mácula de sus corazones. Uno a uno, se hundieron la hoja en el vientre mientras el allegado les cortaba la cabeza para ahorrarles un dolor innecesario.

 

Nuestro samurái, sin embargo, quiso dejar constancia de su vida y sus sentimientos en un poema. Las letras nunca habían tenido secretos para él, y disfrutaba leyendo poesía tanto como creándola. Por esto, con el papel delante, comenzó a escribir la crónica de su alma.

 

Tardó semanas en concluir el poema, el más largo que había compuesto, según dicen. Pero no quedó contento. Los criados lo vieron arrojar el legajo al fuego y quedarse mirando cómo se consumían sus palabras. Pero no se dio por vencido, sino que volvió a enfrentarse al papel desnudo para plasmar sus desvelos. Esta vez, quiso dejar a un lado las trivialidades y los lirismos, y concentrarse en la esencia. Parece que tardó dos semanas en completar este poema.

 

De nuevo, quedó insatisfecho con su composición. Cuentan que la encontró demasiado recargada. Cuando mi madre, que sirvió en el castillo, le preguntó por qué quemaba sus poemas sin dejar que los leyera nadie, él respondió que todo lo que valía la pena de la vida podía contarse en los tres versos de un haiku, que la sencillez era el único destino de todo, y por eso su poema no podía ser más complejo ni más largo que eso. Con este ánimo se sentó ante una mesa, en el jardín, y allí se quedó, mirando el papel, sin escribir nada.

 

Allí estaba la última vez que fui al castillo, hace muchos años. Lo encontré bajo la sombra de los cerezos desnudos, ante su mesa, donde había una lámina de papel en blanco. Yo era joven, y me habían hablado del samurái y de su poema. Era como un cuento para nosotros. Me acerqué a él y le pregunté por qué no escribía lo que pensaba, sin más.

 

—Hay tanto que contar, pero todo es tan trivial, que tengo que distinguir la esencia. Y la esencia es tan perfecta —respondió—, que no sé ni con qué carácter empezar. Son mis últimas palabras, hija. No querrás que describa la vida en términos imperfectos...

 

Dicen que sigue allí, encorvado sobre la misma hoja de papel en blanco, con sus armas oxidadas por el desuso y la intemperie, aún sin saber cómo empezar su último poema.

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Patapalo
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Muy sugerente la historia, y bien sintetizada. Se adivina mucho más de lo que se cuenta, y eso es bueno. Además, consigues dar mucha intensidad al eje de la narración de un modo muy sencillo, con lo que gana cuerpo. Me ha gustado mucho.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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solharis
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Un gusto leerte por aquí. Como ves, no desentona en absoluto lo que escribes para la página. Las últimas cosas que te había leído me parecía que merecían una oportunidad por aquí para ser leídas por más gente.

Comparto la opinión de Patapalo.

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Andronicus
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Vaya, gracias. La verdad, no esperaba una acogida tan satisfactoria. Entre tú y Solharis me habéis hecho querer escribir más y más a menudo. Cuando acaben los malditos exámenes tendré tiempo para unos proyectos a la griega.

Andronicus dixit

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Razamanaz
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La verdad es que a mi también me ha gustado.

"Me he buscado a mi mismo"

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Léolo
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Emotivo y narrado con sencillez. Deja posos de buen sabor literario. Enhorabuena y un saludo.

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Raelana
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Las historias ambientadas en Japón no me llaman mucho, y tampoco entiendo bien las referencias, aunque sé que los samurais tienen un código del honor muy estricto. Sin embargo tu relato me ha gustado mucho, me ha parecido muy triste y muy melancólico, que la narradora sea también un personaje me sorprendió al pronto, pero queda muy bien así, lo hace más cercano.

Mi blog: http://escritoenagua.blogspot.com/

Perséfone, novela online por entregas: http://universoca

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Nachob
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Poblador desde: 26/01/2009
Puntos: 2197

Está bien escrita, y fluye muy bien, revelándonos la historia poco a poco, que es de lo que se trata. 

En cuanto a esta, me ha encantado. Más que encantado. Me parece buenísima. De una profundidad de las que te hace pensar y te dejan poso.

Enhorabuenisima.

 

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palabras
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Poblador desde: 26/01/2009
Puntos: 4284

Una historia sencilla y emotiva, me agradó, aunque siento decirte que tiene muy poco de japonesa. Lo que aquí se relata no hubiera pasado jamás. En casos muy, muy especiales, ante una necesidad muy grande, y siendo un samuraí de mucho prestigio lo más que se podía posponer la muerte son tres días (o al menos eso he leido).

Lo más logico en un personaje que hiciera algo por el estilo es que muriera crucificado por cobardía y luego se le desmembrara, dando a su vez muerte a todos sus hijos varones.

Solo por comentarlo.

Un abrazo, y suerte.

 

 

 

 

 

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Darkus
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Poblador desde: 01/08/2009
Puntos: 759

Emotiva, sencilla, escueta... Dice más de lo que cuenta, como ya han comentado otros compañeros, y eso está mejor que bien; genial, diría yo.

Se lee en un suspiro pero se queda ahí, que es lo importante, al fin y al cabo, que la historia llegue.

Me ha gustado bastante.

"Si no sangras, no hay gloria"

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