Repartiendo cartas

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Un experimento literario de la mano de Patapalo

 

Como si tuviera vocación de cartero romántico, me paso la tarde repartiéndote cartas de amor y desamor. Digan lo que digan los cotos, no dejo de perder mis partidas, porque termine como termine cada mano, no consigo robar ese brillo que sé que se esconde en tus ojos negros. Por eso voy a jugarme el todo por el todo, y ahora que ya asoma la noche, y pronto pedirán los demás que salgamos a la calle a deambular como gatos, voy a sacarme de la manga la jugada maestra.

Empezaré por darte el siete de copas, a ver si el vino ablanda ese corazón que no han conseguido intrigar mis suspiros. Sé que te las beberás como si en ellas no hubiera ningún poso amargo, pero cuento con que te animen la sonrisa, con que te protejan de la melancolía que, seguro, destilaré esta noche de eterna derrota.

Al siete le acompañarán un par de espadas, para que no te falten cuchillos si decides cortarme en cachitos o, quién sabe, defenderte. Igual esta vez me tomas en serio y consigo que no te rías cuando te busque la mirada en la oscuridad de algún antro, cuando intente enamorarte como la cobra de algún cuento de medianoche.

Para completar tu mano, te daré dos treses, el de copas y el de bastos, para poderte comer cuando te despistes y saciarme así de alguna forma. Los acompañaré de una sota, insulto velado por los besos que les diste a otros y que yo nunca llegué a catar porque era demasiado amigo, y demasiado bobo.

Te parecerán buenas cartas, y quizás te confíes, pero el triunfo será oros, como en la vida misma, y por eso, a traición, te ganaré la mano. Así, con un poco de complicidad del ciego, o de la dama fortuna, quizás consiga impresionarte con aires de tahúr allí donde no han llegado mis ínfulas de poeta.

Será un modo torpe, algo vago, para allanar el camino a la carta definitiva, a esta que aquí te escribo sin tinta y que no pertenece a la baraja, pero sí al juego, al de hacerte el amor. Seguramente ni la veas, porque en las botellas nunca buscas mensajes náufragos, ni en los sapos, príncipes azules.

Es mi excusa, no me avergüenza el decirlo, para escribirte cartas que no lees porque ni siquiera existen, porque no tienen palabras, porque están escritas con sueños. Es mi excusa para evitarme el “querida” en los encabezados y el “morena” en las despedidas.

Es mi modo rastrero, que tal vez perdones por ingenuo, para poder creer que el día que encuentre el sobre mágico, ése que no tirarás a la basura antes de abrirlo, sí que leerás mi carta. Es mi modo, torpe e insincero, de explicar por qué tenemos treinta años y todavía no he conseguido arrancarte un beso.

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torpeyvago
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Original y ambiguo relato en el que se juega con todas las cartas. O con todos los significados. Sólo echo de menos el romance entre la sota de oros y la reina de corazones buscando un mapa náutico del Pacífico más agresivo.

La pregunta, que responderá a este misterio, es ¿de dónde se saca tiempo para escribir todo esto ADEMÁS?

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En un lugar de La Mancha de cuyo nombre me acuerdo perfectamente...

https://historiasmalditas.wordpress.com/

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Patapalo
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En realidad estos relatos los voy rescatando de hace años, de la época en la que participaba todas las semanas en el taller literario de OcioJoven. Me gustaría retomar la costumbre de escribir relatos ex-profeso para la página cada semana, pero últimamente no llego a nada.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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